En castellano


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Nací en Bruselas, crecí entre libros de aventuras y viajes que me traía mi padre cada semana, pues él trabajaba en un diario.
Como a él, a mi me gustaba leer y contar historias, por eso me llamaban el “el narrador” durante la primaria y la secundaria. Tanto así que, siempre me elegían para presentar los espectáculos de fin de año.
A los 20 años, como quien trepa en un tren en marcha, me fui con 500 dólares en el bolsillo con destino al Perú! Sin duda mi álbum de infancia preferido “Tintin en el Templo del Sol” jugó un papel importante!
Los Incas ya me fascinaban desde aquel entonces…!
Aquel día abrí mis alas a lo largo y ancho. Creo que los dioses precolombinos me ofrecieron toda su protección. Me trazaron una ruta secreta, pasando muy por adentro del corazón de los andes y de la selva amazónica, por la hoguera del desierto de sal, bajo el azul intenso de los cielos del Altiplano ó por los trozos de hielo de algún lago andino. La ruta me condujo a México, Argentina y Chile. Rica de aventuras, pero sobretodo marcada por descubrimientos, encuentros, alegrías inmensas, puertas abiertas al anochecer y tendidas de manos cuando menos lo esperaba; incluso me enamoré y me enfermé de amor por ese continente y sus habitantes.
El pequeño Daniel creció y su corazón se quedó lleno de sol…el Sol del Perú*!

*tanto asi que vuelvo a Peru donde viviré gran parte del año!

Alguien escribió:

Daniel Ritière, gran viajero frente a lo eterno, acumula el amor de America Latina, el placer de hablar de ella y la pasión de compartirla.

Marion Ouazana, directora artística de la Academia de Tango argentino escribe:
“Cuando la luz se apaga y su voz resuena, las imágenes les conmueven, la música les transporta y no hay duda…. estamos en el cine!”