El “Oro Negro” del Peru (2)


h1 Agosto 3rd, 2005

Segunda parte del texto declamado en introduccion al espectaculo de musica y baile Afroperuano en la sala “La Tentation” en Bruselas, en enero 2005; en presencia de los agregados culturales de las Embajadas del Peru, del Congo y del Angola.

Estamos entonces en 1550, y ya 3000 esclavos africanos han sido vendidos aquí. Pero el número de muertos se revela sumamente elevado en los Andes. Se necesita mucho mas mano de obra para compensar las bajas y en la costa se necesita seguir con el crecimiento de la colonia.
El tiempo pasa y el Perú se vuelve la colonia más rica que jamás haya establecido la corona española. Cincuenta años más tarde, la  “importación” de esclavos negros supera la cifra de 30.000!  Las minas alcanzan su plateau de producción, vomitando desordenadamente un río sostenido de oro, plata, y sangre. Pero demasiados esclavos mueren…

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y ante tantas pérdidas, se decide reducir la utilización de esclavos negros en las minas de la sierra y reemplazarlos por indígenas, físicamente menos fuertes pero mejor aclimatados a esas alturas y sin tener, además, la necesidad de importarlos. A partir de entonces los esclavos negros serán utilizados casi exclusivamente en la costa.
Hubo otros barcos, un infernal ballet de barcos-negreros, que continuó durante tres siglos y elevaría la población negra a cerca de 100.000 personas según el censo de 1750.

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En la vida diaria, tras el sufrimiento, los trabajos forzados y en medio de los latigazos, ¿cuántos esclavos se acordaban todavía de sus orígenes? Arrancados de las tierras del Congo, Angola, Mozambique así como de las costas de Guinea, todos se hallaban para siempre separados de sus raíces.  La riqueza y la variedad de las tradiciones orales se perdieron casi irremediablemente. Solo quedaron vivos algunos ritmos, algunos cánticos repetidos en voz baja y la memoria, suspendida, como último puerto de amarre.

Por supuesto, en la sociedad colonial, los esclavos eran únicamente considerados como fuerza de trabajo y nadie se preocupaba de sus orígenes o de su cultura. Debieron adoptar entonces la de sus patrones blancos, e identificarse con ellos, sobretodo en las ciudades. Bautizados a la fuerza desde su llegada, se aferraron al culto cristiano, porque los momentos de misa y oración son los únicos en los cuales pueden escapar, aunque sea un poco, a su condición.  El esclavo también abrazará esta nueva fe en virtud de la esperanza y fuerza para resignarse que ésta le brinda.  Poco a poco también aprende la lengua de los patrones. Se descubre su asombrosa voz de bajo y llega a cantar en el coro. Igualmente se revela su don innato para bailar  por lo que será incluido, vestido de rojo, en las procesiones religiosas, donde bailará, detrás de una máscara…de ¡diablo!
Pero en las noches, a escondidas en sus barracones, se juntan para marcar ritmos y cantar estrofas en las que expresan los malvados tratos sufridos. Todo esto, palmeando las manos y  golpeando el piso con los pies, utilizando sus cuerpos como instrumento de percusión.
Esta primera expresión cultural propia será prohibida desde el inicio. Pero la pulsión de existir y de expresarse, será más fuerte que cualquier prohibición o cualquier miedo.  Al introducirse cada vez más en el corazón de la vida cultural de la colonia el esclavo empieza a rescatar objetos que pueden enriquecer su música.

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Es así que aparecen, entre otros, la cajita, una pequeña caja de madera, utilizada para hacer la colecta en la misa. O también, la quijada, la mandíbula de burro en la que los dientes, vibrando en sus cavidades, le dan su sonoridad. Mas tarde, el famoso “cajón”, antigua caja de embalaje, convertida en caja de resonancia se convertira en el instrumento emblematicode la musica afroperuana.

(Presionar para escuchar la musica)

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La conversación casi mágica entre el golpeteo de las manos, el ritmo contrastado y el sonido de la madera, produce un verdadero relieve sonoro, que más tarde influenciará a una gran parte de la música costeña. Esta percusión recuperada se expandió por villas y haciendas, y se mezcló con el ruido de grilletes y cadenas, y después, lentamente, con el sonido de la vihuela, ancestro de la guitarra.

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La música afro-peruana estaba naciendo…¡de las entrañas de los más desesperados! Y con ella, la esperanza para el hombre de piel oscura, de convertirse en “alguien” en lugar de ser  “alguna cosa”.
Estamos en 1821. Despues de furiosas batallas llevadas a cabo por el general San Martin y luego del acuerdo firmado por Simon Bolivar, el Peru se libera de la corona de España y obtiene su independencia. Por lo tanto, habra que esperar a 1854 para que, bajo el impulso del Mariscal Ramon Castilla, sea decretada la abolicion de la esclavitud.
Aun tendrian que pasar decadas antes de que las cadenas cayesen pero no asi la discriminacion. Sin derecho de votacion en la joven republica, los Negros siguieron siendo marginados y despreciados. Pero la musica « afro-peruana » seguiria siendo su camino de autenticidad popular, mas que bella, revelando los cantos ancestrales, los ritmos olvidados, y una musica unica.

Hoy en dia, la musica afroperuana ha ido mas alla de sus fronteras y se revela lentamente al mundo. Pronto se volvera ineludible en el panorama de los cantos de libertad. Eva Ayllon, idolo en el Peru, ya no es desconocida en Europa y Susana Baca, la ya renombrada «diva peruana » ha sido galardonada en 2003 con un Grammy Award y sus presentaciones son un lleno completo.
Al dia de hoy, Oscar Villanueva, baillarin, musico, percusionista y director artistico, es tambien el mejor embajador del Peru Negro. Es tambien el digno heredero de esta cultura que se nego a morir.
El baile que nos interpreta para empezar no sera tan alegre si no que expresa los dolorosos recuerdos del desarraigo y de la adaptacion forzada.
Oscar honra asi la memoria de sus ancestros, convirtiendo sus cadenas en partituras, que cantan quizas la mas bella resistencia : la que se hace por el canto, la musica y el baile.

© Daniel Ritière
NB Las ilustraciones fueron fotografiadas en el museo Afroperuano de Zaña. Les agradesco por las facilidades.

Traduccion: Alex Abuid y Daniel Ritière



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