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	<title>Daniel Ritiere</title>
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	<description>Descubren Latinoamerica conmigo</description>
	<pubDate>Tue, 31 Aug 2010 02:30:00 +0000</pubDate>
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		<title>Amazonas, el rio-aorta (3)</title>
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		<pubDate>Sun, 29 Aug 2010 19:03:27 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[A la Una]]></category>

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		<description><![CDATA[3 - La Selva
¡En la selva el silencio no existe! La noche es un gran adagio en grillo mayor.  Como a las cinco se despiertan las aves.  Élitros y patas ceden su lugar a picos y gargantas para el concierto  de cantos y  trinos de una complejidad asombrosa.  Es el [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong>3 - La Selva</strong></p>
<p>¡En la selva el silencio no existe! La noche es un gran adagio en grillo mayor.  Como a las cinco se despiertan las aves.  Élitros y patas ceden su lugar a picos y gargantas para el concierto  de cantos y  trinos de una complejidad asombrosa.  Es el primer placer del día y le sigue el de respirar el aire fresco de la aurora, bien cargado de aromas vegetales.  </p>
<p><a href="http://www.danielritiere.com/es/wp-content/uploads/2010/08/1-1bimg00268.jpg"><img src="http://www.danielritiere.com/es/wp-content/uploads/2010/08/1-1bimg00268.jpg" alt="1-1bimg00268" title="1-1bimg00268" width="460" height="302" class="alignleft size-full wp-image-814" /></a></p>
<p>A la luz de los colores del alba, tenues aún, se puede adivinar el día luminoso que comienza. (continuar) ->><span id="more-813"></span></p>
<p>Con Miguel, el guía de selva, y Joselito, el timonel, planificamos el día desayunando yucas fritas y enormes plátanos cocidos.<br />
Hoy íbamos a entrar en la zona de amortiguamiento del Parque Nacional Pacaya Samira.  Es una de las dos grandes reservas naturales del Perú, junto con el Parque Nacional del Manu cerca del Cusco.  Cada uno abarca más de 20.000 kilómetros cuadrados (es decir, dos tercios de Bélgica) y sólo se puede acceder a ellos por medio de una agencia o un guía debidamente autorizados.  Se necesita un mínimo de seis días para explorar esta tan apartada región y no sólo estar bien equipado sino que además bien acompañado porque resulta muy fácil perderse en el laberinto de miles de ramificaciones del Amazonas.<br />
Retomamos la embarcación empapada por el rocío.  El Amazonas parecía aún más majestuoso esta mañana invadido por pequeños bancos de bruma suspendidos sobre el agua.  Empujados por la corriente, atravesamos el río en todo su ancho y fuimos arrastrados por más de dos kilómetros.  Playas de arena aparecían vírgenes y límpidas , nacidas durante la noche al capricho del río.  Miguel me llevaba hacia una minúscula desembocadura de un afluente, invisible para quién no conoce este lugar. </p>
<p><a href="http://www.danielritiere.com/es/wp-content/uploads/2010/08/2-dauphinbdsc_0122.jpg"><img src="http://www.danielritiere.com/es/wp-content/uploads/2010/08/2-dauphinbdsc_0122.jpg" alt="2-dauphinbdsc_0122" title="2-dauphinbdsc_0122" width="460" height="311" class="alignleft size-full wp-image-815" /></a></p>
<p>El piloto apagó súbitamente el motor y señaló remolinos que se formaban como a treinta metros de nuestra proa.  Bruscamente irrumpieron del agua dos cuerpos torneados y ágiles:  delfines.  Uno gris y el otro ¡rosado! seguramente entretenidos en cazar justo frente a nuestra embarcación.  Me quedé fascinado por sus movimientos.  Eran tan vivaces y emergían sin cesar en diferentes lugares que se me hizo casi imposible enfocarlos.  Pero debo confesarlo,  mis ganas de apreciarlos con mis propios ojos fue mas fuerte que mi conciencia de fotógrafo.  Estos delfines  llamados bufeos ( o botos en Brasil) responden al nombre de Inia Geoffrensis y pueden medir hasta 2.8 metros de largo y pesar hasta 180 kilos lo cual los convierte en los más grandes delfines de agua dulce.  Viviendo en aguas opacas la vista les sirve de poco por lo que han desarrollado un sistema de ecolocalización aún más eficaz que el de sus parientes oceánicos.</p>
<p><a href="http://www.danielritiere.com/es/wp-content/uploads/2010/08/3-2b_dsc09011.jpg"><img src="http://www.danielritiere.com/es/wp-content/uploads/2010/08/3-2b_dsc09011.jpg" alt="3-2b_dsc09011" title="3-2b_dsc09011" width="460" height="188" class="alignleft size-full wp-image-817" /></a></p>
<p>Emprendimos la ruta río arriba y en el camino hablamos de paso con pescadores que recogían sus redes.  Así pude admirar la impresionante dentadura de una piraña, el mítico pez de la Amazonía.  Se han contado tantas cosas terribles sobre este pez, ciertamente un temible carnívoro; sin embargo no tan agresivo como lo reportan.  Al parecer no se corre ningún riesgo,  incluso si uno nada en un entorno plagado de pirañas, a menos que se tenga una herida abierta.  </p>
<p><a href="http://www.danielritiere.com/es/wp-content/uploads/2010/08/4-3dsc_0101_2.jpg"><img src="http://www.danielritiere.com/es/wp-content/uploads/2010/08/4-3dsc_0101_2.jpg" alt="4-3dsc_0101_2" title="4-3dsc_0101_2" width="400" height="366" class="alignleft size-full wp-image-818" /></a></p>
<p>Como  las pirañas viven en bancos con varios centenares de individuos, es evidente que en caso de ataque son miles de dientes despedazando a la presa.  Personalmente he sido testigo de la fiereza con que devoran una carnada&#8230;Aún sabiendo que sólo se ha reportado un ataque mortal a un ser humano,  yo no me hubiera metido en el agua por nada del mundo.  Debo añadir que existen 34 especies de pirañas con una longitud que varía entre 15 y 35 centímetros.<br />
Llegamos a una laguna.  Nuestra proa perturba la inmóvil superficie del agua que refleja la abundante espesura y los copos blancos de nubes.  Acabábamos de penetrar en la zona de amortiguación del Parque Nacional Pacaya Samiria, cuyo nombre significa muy apropiadamente &#8220;selva de los espejos&#8221; por sus innumerables lugares donde el agua oscura y completamente tranquila devuelve la imagen del cielo dando la impresión de estar navegando sobre un espejo.  </p>
<p><a href="http://www.danielritiere.com/es/wp-content/uploads/2010/08/5-4bdsc_0072.jpg"><img src="http://www.danielritiere.com/es/wp-content/uploads/2010/08/5-4bdsc_0072.jpg" alt="5-4bdsc_0072" title="5-4bdsc_0072" width="460" height="306" class="alignleft size-full wp-image-819" /></a></p>
<p>La corteza, la madera y las hojas que se descomponen ahí le dan un tinte de té cargado a un agua que sin embargo es límpida.  Como es bastante ácida y no deja pasar mucha luz solar debido a su coloración, las algas y otras plantas acuáticas casi no crecen allí.  Se le llama agua negra en oposición al agua clara de los ríos translúcidos y al agua blanca, más bien ocre y muy cargada de arcilla, donde la visibilidad es casi nula.  Estas aguas tan diferentes obviamente constituyen tres distintos biotopos.<br />
Por un momento seguimos la orilla observando a las aves zancudas que se alimentan aquí despreocupadamente.  Un pequeño río se abría más allá.  La desembocadura se veía oscura y metiéndonos en ella tuve la impresión de estar entrando en un territorio sagrado y lleno de misterios.</p>
<p><a href="http://www.danielritiere.com/es/wp-content/uploads/2010/08/6-b_dsc0958.jpg"><img src="http://www.danielritiere.com/es/wp-content/uploads/2010/08/6-b_dsc0958.jpg" alt="6-b_dsc0958" title="6-b_dsc0958" width="460" height="305" class="alignleft size-full wp-image-820" /></a></p>
<p>Nos deslizamos sobre el agua lisa y negra en un verdadero túnel de vegetación entre colonias de árboles gigantes que albergaban entre sus ramas cuatro niveles más de follaje que se mezclaban de forma intricada.    Troncos simulando animales marinos parecían sacar del agua sus raíces-aletas y formaban  paredes impenetrables.  El río se bifurca y un poco más adelante se vuelve a dividir en tres ramificaciones, y mas allá todavía en dos mas, haciéndose evidente que en ese momento yo dependía de la excelente memoria de nuestro timonel.</p>
<p><a href="http://www.danielritiere.com/es/wp-content/uploads/2010/08/7-bv6_dsc0985.jpg"><img src="http://www.danielritiere.com/es/wp-content/uploads/2010/08/7-bv6_dsc0985.jpg" alt="7-bv6_dsc0985" title="7-bv6_dsc0985" width="460" height="340" class="alignleft size-full wp-image-821" /></a></p>
<p>El rumor de la jungla se hacía más fuerte saturando el aire de murmullos sedosos, cantos de aves invisibles, zumbidos persistentes y otros gritos desconocidos.  La selva se cerraba sobre nosotros pero yo no me sentía angustiado.  Mientras más nos perdíamos en ese laberinto de ríos interconectados, más sentía a la Amazonía como un inmenso organismo vivo y al río Amazonas como su arteria principal, su aorta, vital y potente.</p>
<p><a href="http://www.danielritiere.com/es/wp-content/uploads/2010/08/8-b7_dsc1017.jpg"><img src="http://www.danielritiere.com/es/wp-content/uploads/2010/08/8-b7_dsc1017.jpg" alt="8-b7_dsc1017" title="8-b7_dsc1017" width="460" height="304" class="alignleft size-full wp-image-822" /></a></p>
<p>Una verdad caía por su propio peso:  que alguien venga a buscar oro utilizando mercurio o a buscar petróleo arrojando aceite y aguas contaminadas, termina por afectar irremediablemente a todo el &#8220;organismo amazónico&#8221;.  En este biotopo donde la tierra y el agua se mezclan como en ninguna otra parte en el mundo, la diseminación de cualquier contaminación no solo es inevitable sino que además es imposible de controlar.</p>
<p><a href="http://www.danielritiere.com/es/wp-content/uploads/2010/08/9-b9_dsc1061.jpg"><img src="http://www.danielritiere.com/es/wp-content/uploads/2010/08/9-b9_dsc1061.jpg" alt="9-b9_dsc1061" title="9-b9_dsc1061" width="460" height="304" class="alignleft size-full wp-image-823" /></a></p>
<p>Casi de forma brusca llegamos a un lago invadido de nenúfares y varios tipos de jacinto acuático.  El peque-peque tenía que abrirse camino en una alfombra vegetal flotante y casi era como navegar sobre tierra firme.<br />
Sobre la orilla establecimos nuestro campamento y salí a fotografiar la riquísima vida animal que nos rodeaba.  Bastaba con sentarse y esperar, apaciblemente pero con la cámara lista.</p>
<p><a href="http://www.danielritiere.com/es/wp-content/uploads/2010/08/x-b10_dsc1071.jpg"><img src="http://www.danielritiere.com/es/wp-content/uploads/2010/08/x-b10_dsc1071.jpg" alt="x-b10_dsc1071" title="x-b10_dsc1071" width="460" height="304" class="alignleft size-full wp-image-824" /></a></p>
<p>Es así que en menos de una hora pude captar a una nutria gigante justo al final de su pesca diaria, un perezoso de ojos adormilados, una lechuza de mirada asombrada, ranas de ojos maravillosos y por último una magnífica pero temible boa.  los encuentros animales siempre resultan conmovedores cuando tienen lugar en la naturaleza.  Se debe poder controlar  los movimientos y demostrar una actitud carente de toda agresividad para hacer sentir al animal, de emociones literalmente instintivas, que no tenemos ninguna intención de atacarlo.</p>
<p><a href="http://www.danielritiere.com/es/wp-content/uploads/2010/08/11-b14boa.jpg"><img src="http://www.danielritiere.com/es/wp-content/uploads/2010/08/11-b14boa.jpg" alt="11-b14boa" title="11-b14boa" width="460" height="345" class="alignleft size-full wp-image-825" /></a></p>
<p>Como el reino vegetal tampoco se queda atrás disfruté también explorándolo.  La diversidad de las formas vegetales es un mundo en sí, y más allá de las flores, que son por supuesto las manifestaciones más espectaculares de la belleza vegetal, hay un mundo de formas que solamente aparecen cuando uno se da el tiempo de observar, a veces desde muy cerca, la trama de una hoja, la estética de una curva, el grano de una corteza.  De hecho, cada hectárea merecería todo un libro.</p>
<p><a href="http://www.danielritiere.com/es/wp-content/uploads/2010/08/14-bdsc_0049.jpg"><img src="http://www.danielritiere.com/es/wp-content/uploads/2010/08/14-bdsc_0049.jpg" alt="14-bdsc_0049" title="14-bdsc_0049" width="460" height="339" class="alignleft size-full wp-image-826" /></a></p>
<p>También existen los inconvenientes y a la cabeza están los mosquitos.  Son quizá un tributo a pagar como derecho a entrar a este universo bullente de vida.  Pero muchas veces, apenas se deja de combatir y de estar a la defensiva, algo ocurre.  Cuando el stress disminuye, el cuerpo emite menos feromonas, atrayendo por lo tanto menos insectos.  Al aceptar mejor el calor y el sudor uno termina relajándose y se pone en sintonía con la naturaleza.</p>
<p><a href="http://www.danielritiere.com/es/wp-content/uploads/2010/08/12-bloutre1danielritiere.jpg"><img src="http://www.danielritiere.com/es/wp-content/uploads/2010/08/12-bloutre1danielritiere.jpg" alt="12-bloutre1danielritiere" title="12-bloutre1danielritiere" width="460" height="349" class="alignleft size-full wp-image-827" /></a></p>
<p>Mil olores se mezclan con las mil caras de la selva;  olores de agua tibia y de arena mojada, esencias de flores extrañas y de hojas en descomposición, fragancias de frutas deliciosas y desconocidas&#8230;por todos mis poros yo respiraba Amazonía,  esta fuente de oxígeno para todo el planeta Tierra.<br />
Será que nosotros, los humanos, estamos ciegos y completamente imbuidos de nuestra supuesta superioridad, para no rendirnos a la evidencia de que si dejamos desaparecer la Amazonía, cometemos un verdadero crimen. </p>
<p><a href="http://www.danielritiere.com/es/wp-content/uploads/2010/08/ranita_dsc0755_2.jpg"><img src="http://www.danielritiere.com/es/wp-content/uploads/2010/08/ranita_dsc0755_2.jpg" alt="ranita_dsc0755_2" title="ranita_dsc0755_2" width="332" height="256" class="alignleft size-full wp-image-828" /></a></p>
<p>No puedo dejar de pensar en lo que sucede hoy en día en una región de Ecuador llamada Yasuni, y eso a pesar de todas las alarmas que resuenan.  Esta región situada en la frontera con el Perú y Colombia, presenta características excepcionales, como por ejemplo, más de 644 especies de árboles diferentes por hectárea.  Esta impresionante riqueza ha contribuido a la creación de un parque nacional en 1979 y ha sido reconocida por la UNESCO unos años más tarde.  Pero la formidable riqueza de esta zona resulta ser doble:  la superficie concentra la más grande biodiversidad del mundo, mientras  que el subsuelo abunda en &#8230; petróleo.  Según los estimados, el equivalente a más de 7,2 mil millones de dólares americanos duermen debajo del Parque Yasuni.  Actualmente las discusiones están al rojo vivo en el seno del gobierno ecuatoriano en lo referente a dar o no los permisos de perforación en esta zona hasta ahora protegida, sabiendo que miles de hectáreas ya han sido cedidas y luego contaminadas por la explotación petrolera, donde miles de nativos han sido las víctimas.  Contaminados, desalojados, matados.</p>
<p><a href="http://www.danielritiere.com/es/wp-content/uploads/2010/08/15-b_dsc0930_2.jpg"><img src="http://www.danielritiere.com/es/wp-content/uploads/2010/08/15-b_dsc0930_2.jpg" alt="15-b_dsc0930_2" title="15-b_dsc0930_2" width="460" height="277" class="alignleft size-full wp-image-829" /></a></p>
<p>Uno creería encontrarse palabra por palabra con el guión de la mega-producción Avatar!!! Quizá no es casualidad que esa película haya batido todos los récords de taquilla.  Más allá de los efectos especiales, los espectadores han sido muy sensibles al mensaje que ofrece y que es el mismo:  todos nosotros estamos conectados hasta con las partes más ínfimas de nuestro planeta. Si lo destruimos nos destruimos a nosotros mismos.  Irremediablemente.  Pero ¿cuántos años nos quedan todavía para actuar y preferir el interés del planeta al de los trusts y sus accionistas?  La reciente catástrofe de BP en el Golfo de México sin duda contribuirá con su doloroso grano de arena a la concientización ecológica, pero ay! la inercia del sistema y lo que económicamente está en juego, son tales que corremos el riesgo de reaccionar demasiado tarde.  Al ritmo actual de destrucción la Amazonía habrá desaparecido en menos de sesenta años&#8230; Aterrador!</p>
<p><a href="http://www.danielritiere.com/es/wp-content/uploads/2010/08/16-b13dsc_0339.jpg"><img src="http://www.danielritiere.com/es/wp-content/uploads/2010/08/16-b13dsc_0339.jpg" alt="16-b13dsc_0339" title="16-b13dsc_0339" width="460" height="304" class="alignleft size-full wp-image-830" /></a></p>
<p>Las palabras de un jefe amazónico me volvieron a la memoria:  &#8220;¿Beberán ellos petróleo para vivir?  ¿Comerán oro?  ¿Respirarán billetes?&#8221;<br />
He pasado varios días más navegando y fotografiando con inmenso placer pero el último día tenía que llegar.  El peque-peque se deslizo con el impulso final, recorriendo los últimos metros antes de llegar a la orilla, al puerto, a la civilización.  Me dí la vuelta, y miré una vez más hacia el espacio abierto del río, allí donde hay un pedazo de horizonte siempre libre, una línea de perspectiva, una invitación al viaje.<br />
Pero la Amazonía hace más en el corazón del viajero que saciar las ganas de evasión.  También nos deja la obligación de reaccionar, de pensar en nuestro futuro, el de la Humanidad, el de la Tierra, tercer planeta del sistema solar, sin igual, y tan amenazado por la inconciencia humana.</p>
<p><a href="http://www.danielritiere.com/es/wp-content/uploads/2010/08/17-bfindsc_0184.jpg"><img src="http://www.danielritiere.com/es/wp-content/uploads/2010/08/17-bfindsc_0184.jpg" alt="17-bfindsc_0184" title="17-bfindsc_0184" width="460" height="304" class="alignleft size-full wp-image-831" /></a></p>
<p><strong>Recuerden:  ¡29 hectáreas de bosque amazónico desaparecen cada minuto !</strong></p>
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		<title>El encuentro</title>
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		<pubDate>Sun, 29 Aug 2010 16:31:16 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[A la Una]]></category>

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		<description><![CDATA[Aqui un pequeño video de un gran momento, tomado en diciembre pasado : el encuentro entre el Marañon y el Ucayali, formando el gigante Amazonas: 
http://www.youtube.com/watch?v=DcuMmxKZa4U

]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Aqui un pequeño video de un gran momento, tomado en diciembre pasado : el encuentro entre el Marañon y el Ucayali, formando el gigante Amazonas: <a href="http://www.youtube.com/watch?v=DcuMmxKZa4U"><br />
http://www.youtube.com/watch?v=DcuMmxKZa4U</p>
<p><a href="http://www.danielritiere.com/es/wp-content/uploads/2010/08/_dsc0918.jpg"><img src="http://www.danielritiere.com/es/wp-content/uploads/2010/08/_dsc0918.jpg" alt="_dsc0918" title="_dsc0918" width="400" height="265" class="alignleft size-full wp-image-810" /></a></p>
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		<title>Amazonas, el rio-aorta (2)</title>
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		<pubDate>Fri, 25 Jun 2010 20:51:54 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[Cartas de las Américas]]></category>

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		<description><![CDATA[2 - El rio
He huido del embrollo urbano de Iquitos.  Tierra adentro, la ciudad se extiende mucho más allá de la cuadrícula de calles pavimentadas y se abre en un laberinto de barracas de madera, algunas techadas con hojas de palma,  otras cubiertas de calaminas.  Lentamente la vegetación silvestre gana terreno a [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong>2 - El rio</strong></p>
<p>He huido del embrollo urbano de Iquitos.  Tierra adentro, la ciudad se extiende mucho más allá de la cuadrícula de calles pavimentadas y se abre en un laberinto de barracas de madera, algunas techadas con hojas de palma,  otras cubiertas de calaminas.  Lentamente la vegetación silvestre gana terreno a las construcciones humanas y el aire se hace más respirable.</p>
<p><a href="http://www.danielritiere.com/es/wp-content/uploads/2010/06/1-fil11759.jpg"><img src="http://www.danielritiere.com/es/wp-content/uploads/2010/06/1-fil11759.jpg" alt="1-fil11759" title="1-fil11759" width="400" height="300" class="alignleft size-full wp-image-780" /></a></p>
<p>Me encuentro manejando sobre la única pista asfaltada que sale de la ciudad y que une a Iquitos con Nauta, otra ciudad pero bastante más pequeña, 50 Km. más al sur.<br />
Caminaba a través de un ambiente cliché: entre más me adentraba en el “campo”, más podía percatarme del avance de la “civilización” . Continuar&#8211;><span id="more-779"></span></p>
<p>Millares de hectáreas de lo que fue una jungla opulenta habían sido arrasados y reemplazados por cultivos, muchas veces abandonados a medida que la frágil tierra tropical se empobrecía, además de ser lavada por los aguaceros.<br />
Decenas y decenas de kilómetros de tierras inútilmente despojadas de  vitalidad y de su cubierta vegetal evidenciaban la ausencia de un plan a largo plazo.  Ninguna otra perspectiva más que la explotación radical.  Se tala, se siembra, se cosecha - durante dos o tres años -  maíz, luego yuca y después se abandona la tierra como un hueso totalmente roído.<br />
¿Y qué fue de los nativos que antaño vivieron aquí?  ¿Habrán sido &#8220;integrados&#8221; a la ciudad y a la sociedad?  ¿Sobrevivirán en alguna de las barriadas?  ¿O habrán retrocedido cada vez más lejos para huir de la máquina aplanadora de la &#8220;civilización&#8221;?  De ella, que tiene como dogma el Crecimiento y el Consumismo, los nuevos dioses a los que la humanidad debe rendir pleitesía&#8230;en una lógica absurda tratándose de un espacio tan limitado como lo es un planeta.</p>
<p><a href="http://www.danielritiere.com/es/wp-content/uploads/2010/06/2-fil11801_2.jpg"><img src="http://www.danielritiere.com/es/wp-content/uploads/2010/06/2-fil11801_2.jpg" alt="2-fil11801_2" title="2-fil11801_2" width="267" height="353" class="alignleft size-full wp-image-781" /></a></p>
<p>Esta lógica sin restricciones, despedaza la Amazonía un poco más cada año (se calcula que una cancha de futbol desaparece cada 7 segundos&#8230;); de esta manera se permite, con la complicidad de los Estados, el implacable avance de las multinacionales petroleras y mineras, así como las del gas, de la madera y del papel, sin olvidar los &#8220;lavadores de oro&#8221; piratas y los desmesurados cultivos de soya transgénica en plena expansión (De 1998 a 2004, en solo cuatro años, son mas de dos millones de hectáreas que han sido arrasados para el cultivo del soya. La deforestación representa aproximadamente 20 % de las emisiones de gases a efecto invernadero del planeta).  Los poderosos <em>trusts</em>, en medio de un silencio cómplice o de la indiferencia casi general, salpicada de bonitos aunque inútiles discursos, destruyen no solamente los más ricos biotopos del mundo que contiene especies vegetales y animales apenas censadas, sino que además condenan a muerte a decenas de tribus nativas junto con sus conocimientos y todo su patrimonio cultural.  Es que la Amazonía no es solamente nuestro &#8220;pulmón&#8221;, también es una porción del planeta Tierra donde, desde la noche de los tiempos,  otros humanos viven en una conexión particular con la naturaleza; humanos con los mismos derechos que cualquier otro pueblo de nuestro planeta.  Humanos que, sin tener voz ni voto, han sido incluidos dentro de las fronteras que la Historia, &#8220;nuestra&#8221; Historia, considera como legítimas.  ¿Pero, no es el deber de las Naciones establecidas el de respetar sus tierras y su derecho a vivir en ellas con sus costumbres, su alimentación, sus conocimientos curativos y su saber ancestral? </p>
<p><a href="http://www.danielritiere.com/es/wp-content/uploads/2010/06/3-nauta1.jpg"><img src="http://www.danielritiere.com/es/wp-content/uploads/2010/06/3-nauta1.jpg" alt="3-nauta1" title="3-nauta1" width="400" height="300" class="alignleft size-full wp-image-782" /></a></p>
<p>Alcancé a Miguel, guía en esta región que conoce como la palma de su mano, y a Joselito el conductor de la lancha.  Me esperaban en el muelle de Nauta, a la orilla del río Marañón, y poco después ya estaba listo con la Nikon en la mano y el espíritu contento deslizándome sobre el agua en un &#8220;peque-peque&#8221;, una pequeña embarcación que debe su nombre al ruido característico que emite su motor.<br />
Nos alejamos de la orilla y súbitamente la anchura del río se hizo más imponente.  Bajo el abrigo del techo de la lancha, que nos protegía del sol quemante, los soportes laterales y el techado mismo formaban un encuadre pentagonal con la proa de la lancha en su centro apuntando hacia el horizonte.  Esta imagen me acompañaría durante las próximas horas y días mientras surcábamos las aguas.</p>
<p><a href="http://www.danielritiere.com/es/wp-content/uploads/2010/06/4-dsc_0344.jpg"><img src="http://www.danielritiere.com/es/wp-content/uploads/2010/06/4-dsc_0344.jpg" alt="4-dsc_0344" title="4-dsc_0344" width="400" height="265" class="alignleft size-full wp-image-783" /></a></p>
<p>Me dejaba invadir lentamente por sensaciones que me eran familiares, presentes en cada viaje&#8230;esa sensación de centrarse, sin esfuerzo, para estar mejor dispuesto hacia todas las facetas que ofrece un lugar, una persona, o un paisaje;  una sonrisa, un ave que pasa, un rayo de sol, esos pequeños regalos de la vida en todas sus manifestaciones que hay que saber captar, recibir y tal vez compartir ya sea por la escritura, el relato o la fotografía.<br />
Navegábamos por el Marañón poco antes de su gran encuentro con el Ucayali.  Anteayer había observado fascinado, desde el aire, el encuentro de estos dos importantes afluentes del Amazonas. Ahora estaba a punto de presenciarlo.</p>
<p><a href="http://www.danielritiere.com/es/wp-content/uploads/2010/06/5-fil11843c.jpg"><img src="http://www.danielritiere.com/es/wp-content/uploads/2010/06/5-fil11843c.jpg" alt="5-fil11843c" title="5-fil11843c" width="400" height="300" class="alignleft size-full wp-image-784" /></a></p>
<p>En este universo plano es muy difícil percibir lo que nos rodea sin tomar altura.  Por eso me sorprendió ver la orilla a mi lado derecho, abrirse inesperadamente a un enorme espacio brillante y movedizo.<br />
&#8220;El Ucayali, el Ucayali&#8221; gritaban Miguel y Joselito, señalando al formidable río que venía a nuestro encuentro.  ¡Aquí estábamos! las aguas achocolatadas del Marañón, con 500 metros de ancho, se juntaban aquí con las del otro gigante proveniente de los Andes.<br />
Joselito mantenía nuestra embarcación a una respetuosa distancia de las olas y de los remolinos que se formaban donde los dos ríos entremezclaban sus aguas.  De esta unión nace el colosal Amazonas.</p>
<p><a href="http://www.danielritiere.com/es/wp-content/uploads/2010/06/6-amazonesd.jpg"><img src="http://www.danielritiere.com/es/wp-content/uploads/2010/06/6-amazonesd.jpg" alt="6-amazonesd" title="6-amazonesd" width="400" height="265" class="alignleft size-full wp-image-785" /></a></p>
<p>Su nombre nos llega del encuentro bélico entre Francisco de Orellana y la tribu de los Tapuyas en junio de 1542, mientras el conquistador español seguía por primera vez el curso del río.  ¿Habrá sido realmente atacado por un ejército de mujeres o se habría confundido por los cabellos largos de los guerreros (de ambos sexos)?  De cualquier manera, será el nombre de &#8220;Amazonas&#8221;, aquel de las legendarias guerreras Escitas descritas  por los griegos, el que quedará como nombre del río.<br />
Seguí con la mirada un inmenso tronco que navegaba en la potente corriente, raíces por delante a manera de mascarón de proa.  Desde aquí aún le faltaba recorrer miles de kilómetros antes de llegar a la desembocadura del río, de unos 330 kilómetros de ancho, en el océano Atlántico. Visto desde el aire, claramente se percibe este choque de titanes: las aguas dulces y cenagosas del Amazonas penetran en el azul del Atlántico ¡hasta trescientos kilómetros mar adentro de las costas brasileñas!<br />
Con sus 6800 kilómetros de largo y un ancho que varía entre 6 y 10 kilómetros en la mayor parte de su recorrido, pero que puede llegar hasta los 40 kilómetros en sus últimos tramos, el Amazonas se impone como el más largo y el más caudaloso de los ríos del planeta.</p>
<p><a href="http://www.danielritiere.com/es/wp-content/uploads/2010/06/8-fil11766.jpg"><img src="http://www.danielritiere.com/es/wp-content/uploads/2010/06/8-fil11766.jpg" alt="8-fil11766" title="8-fil11766" width="400" height="300" class="alignleft size-full wp-image-787" /></a></p>
<p>Cómo imaginar un caudal anual promedio de 200,000 m. cúbicos/segundo, con un pico de 1 millón de m. cúbicos/ segundo en el momento más fuerte de la estación de lluvias (es decir ¡mil millones de litros por segundo!)  Este coloso riega una superficie de 7 millones de kilómetros cuadrados, es decir ¡una vez y media la superficie de la Unión Europea!  Cifras descomunales, difíciles de imaginar.<br />
Navegábamos ahora por un río que cada vez más ¡parecía un mar! ¿Cómo fotografiar tanta majestad? Sobre nosotros el cielo está ahí, azul, inmenso y poblado de enormes y fotogénicas nubes, grandes naves de vapor, guardianes inseparables del universo amazónico, medio acuático, medio vegetal, que no puede vivir sin sus lluvias nutricias.</p>
<p><a href="http://www.danielritiere.com/es/wp-content/uploads/2010/06/9-_dsc0892.jpg"><img src="http://www.danielritiere.com/es/wp-content/uploads/2010/06/9-_dsc0892.jpg" alt="9-_dsc0892" title="9-_dsc0892" width="400" height="265" class="alignleft size-full wp-image-788" /></a></p>
<p>Con más o menos intensidad la lluvia es aquí una constante, esencial e ineludible, con la cual hay que saber convivir. Existen chubascos y tormentas casi todo el año, pero desde el mes de diciembre, cuándo las lluvias se intensifican, el cielo desata, por días enteros, un verdadero diluvio que acrecienta el caudal del gigante amazónico. En un crescendo implacable las crecidas del río inundan toda su cuenca por miles de kilómetros cuadrados. En algunos lugares el nivel del agua puede subir hasta 15 metros.<br />
Según uno se encuentre río arriba o río abajo hay que esperar hasta fines de abril, mayo o junio para que se invierta el flujo y  las aguas retrocedan lentamente.</p>
<p><a href="http://www.danielritiere.com/es/wp-content/uploads/2010/06/11-amazpir3.jpg"><img src="http://www.danielritiere.com/es/wp-content/uploads/2010/06/11-amazpir3.jpg" alt="11-amazpir3" title="11-amazpir3" width="400" height="265" class="alignleft size-full wp-image-790" /></a></p>
<p>Transcurren las horas.  El tiempo adquiere otra consistencia al paso del agua. Tiempo y agua se mezclan componiendo esta ruta viva y sin fin. Tengo la sensación de que podríamos navegar así durante días enteros y esa perspectiva me complace. Hay algo de hipnótico en el movimiento de las aguas, como si estuviésemos  montados sobre un caballo infatigable.  Este río es un ser vivo en movimiento y uno toma su pulso y su fuerza por sus innumerables y entrelazados meandros.</p>
<p><a href="http://www.danielritiere.com/es/wp-content/uploads/2010/06/10-8996564141259d8494204fee2816f0c12dedf731e2b5a1986867deb541fc570582fd52f0.jpg"><img src="http://www.danielritiere.com/es/wp-content/uploads/2010/06/10-8996564141259d8494204fee2816f0c12dedf731e2b5a1986867deb541fc570582fd52f0.jpg" alt="10-8996564141259d8494204fee2816f0c12dedf731e2b5a1986867deb541fc570582fd52f0" title="10-8996564141259d8494204fee2816f0c12dedf731e2b5a1986867deb541fc570582fd52f0" width="400" height="265" class="alignleft size-full wp-image-789" /></a></p>
<p>Es la presencia humana la que reestablece un punto de comparación en medio de ese cuadro mágico para dimensionar la grandeza del universo amazónico.  Nos cruzamos con otras lanchas grandes o pequeñas, vacías o repletas.  Los pasajeros son colonos mestizos o nativos indígenas en camino a algún mercado dónde vender lo que la tierra ha producido o dónde comprar las provisiones que les hacen falta.  Cruzamos miradas tímidas, curiosas, sonrientes o inquietas, a veces resignadas.  </p>
<p><a href="http://www.danielritiere.com/es/wp-content/uploads/2010/06/12-6d97c.jpg"><img src="http://www.danielritiere.com/es/wp-content/uploads/2010/06/12-6d97c.jpg" alt="12-6d97c" title="12-6d97c" width="400" height="300" class="alignleft size-full wp-image-791" /></a></p>
<p>Tantas cosas nos unen y tantas otras nos separan.  Compartimos el mismo planeta y sin embargo vivimos nuestras vidas en mundos tan diferentes.  Este entrecruzamiento de vidas en los linderos de la civilización me fascinó.<br />
Mientras nos acercábamos al albergue selvático donde pasaríamos la noche, el sol poniente encendía el horizonte.  Detuvimos el motor y lentamente la lancha se atascó en las cañas de la orilla. Saboreaba este momento perfecto, envuelto en el rumor de las aguas,  con los ojos sin querer perderse para nada de esta puesta de sol, cuadro tan efímero como trascendente: el gran teatro de la Madre Naturaleza resplandecía en un concierto de rojos, naranjas y dorados en plena fusión.  </p>
<p><a href="http://www.danielritiere.com/es/wp-content/uploads/2010/06/13-nav.jpg"><img src="http://www.danielritiere.com/es/wp-content/uploads/2010/06/13-nav.jpg" alt="13-nav" title="13-nav" width="400" height="265" class="alignleft size-full wp-image-792" /></a></p>
<p>En la creciente penumbra llegamos por fin al albergue, modesto pero acogedor, emplazado cerca de la orilla.  A la luz de los mecheros devoré el pescado fresco deliciosamente cocinado a la parrilla.  Como postre, y antes de mi cita con la cama y el mosquitero, fui una vez más a escuchar el susurro del río deslizándose sin esfuerzo en medio de la azulada oscuridad.  El agua reflejaba un cielo extraordinariamente luminoso. Mi mirada entonces se perdió en la bóveda celeste; había tantas estrellas que casi se les escuchaba.</p>
<p><a href="http://www.danielritiere.com/es/wp-content/uploads/2010/06/14-dsc_0237.jpg"><img src="http://www.danielritiere.com/es/wp-content/uploads/2010/06/14-dsc_0237.jpg" alt="14-dsc_0237" title="14-dsc_0237" width="400" height="266" class="alignleft size-full wp-image-793" /></a></p>
<p>(continuará)<br />
Traducción y adaptación: Alex Abuid, Oscar Rodriguez y Daniel Ritière<br />
Algunos artículos sugeridos:<br />
http://www.diariolaprimeraperu.com/online/especial/peligro-oleoducto_58995.html</p>
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		<item>
		<title>El Amazonas, el río-aorta (1)</title>
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		<pubDate>Wed, 19 May 2010 04:13:33 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[Cartas de las Américas]]></category>

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		<description><![CDATA[1. Iquitos
Nuestro planeta cuenta con entornos &#8220;absolutos&#8221; donde uno puede ir a perderse, tanto literal como figuradamente; sobre las olas de un océano, en un desierto de arena, de sal o de hielo, o finalmente en el corazón de una jungla profunda.  Con su inmensa aunque frágil riqueza, la selva amazónica es sin duda, [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong>1. Iquitos</strong></p>
<p>Nuestro planeta cuenta con entornos &#8220;absolutos&#8221; donde uno puede ir a perderse, tanto literal como figuradamente; sobre las olas de un océano, en un desierto de arena, de sal o de hielo, o finalmente en el corazón de una jungla profunda.  Con su inmensa aunque frágil riqueza, la selva amazónica es sin duda, el más emblemático de todos los sistemas ecológicos terrestres en riesgo.</p>
<p><a href="http://www.danielritiere.com/es/wp-content/uploads/2010/05/1_dsc0657bl.jpg"><img src="http://www.danielritiere.com/es/wp-content/uploads/2010/05/1_dsc0657bl.jpg" alt="1_dsc0657bl" title="1_dsc0657bl" width="400" height="265" class="alignleft size-full wp-image-716" /></a></p>
<p>En este universo vegetal el ser humano ocupa poco espacio;  paradójicamente ejerce sobre él un tremendo impacto con sus acciones y es aquí donde les invito a seguirme por unos días.<br />
<em>Continuar</em> &#8212;><span id="more-714"></span></p>
<p>Desde Lima el salto por sobre los Andes, ya sea en bus o en avión, es el primer paso a realizar para llegar a la Amazonía.  Esta vez es en dirección al nor-este del Perú que partimos.<br />
Una vez franqueada la cordillera, desde la ventanilla se puede ver la inmensidad de la selva que viene a estrellarse contra el flanco oriental andino.</p>
<p><a href="http://www.danielritiere.com/es/wp-content/uploads/2010/05/2-05719516e0e741f45cc14415b440c905401598d965367a4f5b2afd23df43f3e0513d15b0.jpg"><img src="http://www.danielritiere.com/es/wp-content/uploads/2010/05/2-05719516e0e741f45cc14415b440c905401598d965367a4f5b2afd23df43f3e0513d15b0.jpg" alt="2-05719516e0e741f45cc14415b440c905401598d965367a4f5b2afd23df43f3e0513d15b0" title="2-05719516e0e741f45cc14415b440c905401598d965367a4f5b2afd23df43f3e0513d15b0" width="400" height="265" class="alignleft size-full wp-image-717" /></a></p>
<p>Hasta el horizonte es un océano verde lo que sobrevolamos y la mirada se hunde en este manto, casi sin pliegues, de un esmeralda profundo.  Cómo imaginar que bajo esta cubierta aterciopelada pulsa y bulle tanta vida, que vive un mundo en perfecto equilibrio en cada uno de los pisos vegetales, vive en simbiosis o como parásito, vive con todas sus fuerzas, se reproduce y produce semillas, oxígeno y esencias, vive aún mientras se pudre, volviéndose humus, alimentando así al rápido ciclo de la tierra tropical y al ecosistema amazonico.</p>
<p><a href="http://www.danielritiere.com/es/wp-content/uploads/2010/05/3-floreamaz01.jpg"><img src="http://www.danielritiere.com/es/wp-content/uploads/2010/05/3-floreamaz01.jpg" alt="3-floreamaz01" title="3-floreamaz01" width="400" height="265" class="alignleft size-full wp-image-719" /></a></p>
<p>Como trazos sinuosos sobre un lienzo verde aparecen ríos de tonos que van desde el amarillo lechoso al marrón oscuro, según los aluviones drenados.  Poco a poco  una red de decenas de corrientes de agua dibujan nervaduras en la foresta, haciéndola parecer una hoja inmensa.  Y después, como dos colosos formidables e imponentes, aparecen dos ríos, el Marañón y el Ucayali.  Uno es oscuro como un chocolate belga, el otro beige como un café con leche.  Ambos han recorrido miles de kilómetros, atravesando relieves de lo más accidentados.  El primero ha bañado los pies de Machu Picchu - con el nombre de Urubamba en ese tramo - y el otro surca desde hace milenios el principal valle interandino, atravesando las cadenas occidentales y centrales del norte del Perú.<br />
Bajo mis ojos ellos se funden en un abrazo sensual dibujando arabescos&#8230; y de su enlace nace un gigante: el Amazonas.</p>
<p>Nuestro vuelo ha iniciado su descenso.  Una hora y cuarenta minutos antes habíamos dejado Lima y ahora aterrizábamos en Iquitos, capital de Loreto, el más extenso de los departamentos del Perú.</p>
<p><a href="http://www.danielritiere.com/es/wp-content/uploads/2010/05/4-dsc_0492tric.jpg"><img src="http://www.danielritiere.com/es/wp-content/uploads/2010/05/4-dsc_0492tric.jpg" alt="4-dsc_0492tric" title="4-dsc_0492tric" width="400" height="271" class="alignleft size-full wp-image-720" /></a></p>
<p>Con sus 400,000 habitantes, Iquitos es una ciudad de paradojas:  en el medio del más grande pulmón del planeta uno se encuentra en una ciudad invadida de moto-taxis traqueteantes;  una colmena poblada de triciclos y al mismo tiempo sin ninguna conexión terrestre con el resto del mundo.  Como una isla, Iquitos es solo accesible por aire o por agua.<br />
Agitada, congestionada, ruidosa, Iquitos también es definitivamente pintoresca.  ¿ Es acaso el calor o la proximidad con Brasil los que dan a la gente ese buen humor, ese acento musical y risueño, esa sonrisa fácil, esa sensualidad a flor de piel?</p>
<p><a href="http://www.danielritiere.com/es/wp-content/uploads/2010/05/5-dsc_0460bl.jpg"><img src="http://www.danielritiere.com/es/wp-content/uploads/2010/05/5-dsc_0460bl.jpg" alt="5-dsc_0460bl" title="5-dsc_0460bl" width="400" height="265" class="alignleft size-full wp-image-721" /></a></p>
<p>Las horas de gloria de la antigua capital del caucho han cedido su lugar a una ciudad con un ambiente único y particular que la diferencia del resto del país.  El boom del caucho a inicios del siglo XX había forjado y traído abajo fortunas.  Por todas partes en el centro de la ciudad se capta un poco esa impronta de grandeza y decadencia.  Invadidas por el cableado eléctrico y por letreros coloridos, las antiguas fachadas de azulejos, en ese entonces importados desde el Brasil sin medir gastos, muestran lo que queda de su gloria de antaño.  La casa Eiffel traída desarmada por barco envejece sin gloria, y algo disonante, en una esquina de la Plaza de Armas.</p>
<p><a href="http://www.danielritiere.com/es/wp-content/uploads/2010/05/6-dsc_04742bl.jpg"><img src="http://www.danielritiere.com/es/wp-content/uploads/2010/05/6-dsc_04742bl.jpg" alt="6-dsc_04742bl" title="6-dsc_04742bl" width="400" height="265" class="alignleft size-full wp-image-722" /></a></p>
<p>A la vuelta de la plaza la regular cuadrícula de las calles desemboca en el malecón y el horizonte se abre de repente sobre un inmenso brazo del río.  Uno se acuerda entonces de la singular posición  de la ciudad rodeada de agua y de jungla por centenares de kilómetros a la redonda.  Hacia el sur, el barrio de Belén muestra cantidades de casas construidas sobre pilotes que invaden las orillas ocupando una gran extensión sobre el agua.  </p>
<p><a href="http://www.danielritiere.com/es/wp-content/uploads/2010/05/7-iqnanay1bl.jpg"><img src="http://www.danielritiere.com/es/wp-content/uploads/2010/05/7-iqnanay1bl.jpg" alt="7-iqnanay1bl" title="7-iqnanay1bl" width="400" height="266" class="alignleft size-full wp-image-723" /></a></p>
<p>Según las estaciones y las crecidas, es un barrio de casas de madera sobre pilotes que uno puede recorrer a pie o en canoa, debido a que el agua puede subir entre 4 y 6 metros en la estación de lluvias.  Mas allá aún, posadas sobre el agua, miles de viviendas totalmente flotantes componen un laberinto lacustre donde la canoa y el remo son imprescindibles.  </p>
<p><a href="http://www.danielritiere.com/es/wp-content/uploads/2010/05/8-fil127bl.jpg"><img src="http://www.danielritiere.com/es/wp-content/uploads/2010/05/8-fil127bl.jpg" alt="8-fil127bl" title="8-fil127bl" width="400" height="265" class="alignleft size-full wp-image-724" /></a></p>
<p>Aquí el agua está por todas partes.  Es el elemento principal que forma parte del día a día.  En ella uno lava tanto su cuerpo como su ropa.  Durante cinco meses del año el agua simplemente reemplaza a la tierra firme.  Los lugareños  adquieren además una actitud casi acuática;  algo de lento y de suave habita en sus gestos.</p>
<p><a href="http://www.danielritiere.com/es/wp-content/uploads/2010/05/9belem4.jpg"><img src="http://www.danielritiere.com/es/wp-content/uploads/2010/05/9belem4.jpg" alt="9belem4" title="9belem4" width="400" height="265" class="alignleft size-full wp-image-725" /></a></p>
<p>Algo más río abajo, en cambio, el puerto hierve en actividad y hay que meterse de lleno en ese ajetreo de personas y de mercancías que van y vienen, mezclando destinos y destinaciones.  Toneladas de fruta verde, aceites crudos y troncos de árboles apenas desbastados o ya aserrados, están a punto de salir hacia los cuatro rincones del mundo.  Se cruzan con enormes barcazas más o menos oxidadas provenientes de Pucallpa o Yurimaguas, o incluso de Tabatinga en Brasil a sólo dos días de navegación.</p>
<p><a href="http://www.danielritiere.com/es/wp-content/uploads/2010/05/9-dsc_0373bl.jpg"><img src="http://www.danielritiere.com/es/wp-content/uploads/2010/05/9-dsc_0373bl.jpg" alt="9-dsc_0373bl" title="9-dsc_0373bl" width="400" height="265" class="alignleft size-full wp-image-726" /></a></p>
<p>Siguiendo el largo recorrido del malecón bordeado de casas de mayólicas invadidas de musgo, uno llega a la parte alta de Belén dominada por su extraordinario mercado.  De golpe a uno lo  arrastra un abanico de olores, comidas, hierbas e insumos de lo más variados.  ¡Sensaciones garantizadas!</p>
<p><a href="http://www.danielritiere.com/es/wp-content/uploads/2010/05/10-dsc_0090bl.jpg"><img src="http://www.danielritiere.com/es/wp-content/uploads/2010/05/10-dsc_0090bl.jpg" alt="10-dsc_0090bl" title="10-dsc_0090bl" width="400" height="296" class="alignleft size-full wp-image-727" /></a></p>
<p>Frutas raras o poco conocidas responden a nombres tan graciosos como aguaje, camu-camu, zapote, taperiba, casho, huito, tumbo, sinamillo, macambo ungurahui, copoazú y una docena más.  </p>
<p><a href="http://www.danielritiere.com/es/wp-content/uploads/2010/05/11-dsc_0040bl.jpg"><img src="http://www.danielritiere.com/es/wp-content/uploads/2010/05/11-dsc_0040bl.jpg" alt="11-dsc_0040bl" title="11-dsc_0040bl" width="400" height="265" class="alignleft size-full wp-image-728" /></a></p>
<p>Cohabitan con el tabaco recién enrollado a mano, tortugas trozadas, patas de venado, filetes de caimán, flores exóticas, armadillos descuartizados, caracoles tan grandes como un puño, baldes de miel, aceite de palma, hojas de bijao que sirven para hacer los típicos juanes, plátanos gigantes en la parrilla, nueces fermentándose, ollas a punto de hervir, pimientos dulces, alcoholes fuertes y encima pescados, por decenas, todos diferentes y con nombres extraños: suri, dorado, gamitana, akawarasu, piranhas, etc.</p>
<p><a href="http://www.danielritiere.com/es/wp-content/uploads/2010/05/12-dsc_0062bl.jpg"><img src="http://www.danielritiere.com/es/wp-content/uploads/2010/05/12-dsc_0062bl.jpg" alt="12-dsc_0062bl" title="12-dsc_0062bl" width="400" height="265" class="alignleft size-full wp-image-729" /></a></p>
<p>Los pescados más preciados se llaman Carachama, o también Doncella y Zúngaro.  Estos dos últimos, de la familia de los siluros,  pueden alcanzar un metro setenta de largo y su piel, lisa y sin escamas, parece pintada por un artista inspirado.  Por último está el Paiche, el más grande de los peces amazónicos.  El río, cual nodriza, mostraba aquí toda su opulencia.  </p>
<p><a href="http://www.danielritiere.com/es/wp-content/uploads/2010/05/13-dsc_0073bl.jpg"><img src="http://www.danielritiere.com/es/wp-content/uploads/2010/05/13-dsc_0073bl.jpg" alt="13-dsc_0073bl" title="13-dsc_0073bl" width="400" height="265" class="alignleft size-full wp-image-730" /></a></p>
<p>Se puede adivinar que con tantos ingredientes, la cocina local es muy variada y se necesitaría una página entera para describirla.<br />
En los días siguientes tendré la oportunidad de probar esta riqueza culinaria pero por el momento, asaltado por demasiados olores, me he replegado a un pasaje más tranquilo y con más sombra.  Ahora me encuentro en el mercado de remedios.  De un puesto y otro me llaman para venderme multitud de raíces, plantas medicinales, hojas y flores secas, botellas y frascos conteniendo misteriosos líquidos, jugos, extractos, brebajes y elíxires de vegetales aromáticos, chamánicos y curativos.   ¡Extraordinaria versión selvática de un mercado persa!</p>
<p><a href="http://www.danielritiere.com/es/wp-content/uploads/2010/05/14-dsc_0136bl.jpg"><img src="http://www.danielritiere.com/es/wp-content/uploads/2010/05/14-dsc_0136bl.jpg" alt="14-dsc_0136bl" title="14-dsc_0136bl" width="400" height="265" class="alignleft size-full wp-image-731" /></a></p>
<p>En él se ofrecía la otra especialidad de Iquitos: el macerado afrodisíaco.  Con una mirada algo cómplice toda suerte de preparaciones se venden bajo nombres divertidos y&#8230;evocadores:  Para-Para, RC  ( por rompe calzón), Levanta Lázaro y otros más osados aún.</p>
<p><a href="http://www.danielritiere.com/es/wp-content/uploads/2010/05/15-dsc_0121bl.jpg"><img src="http://www.danielritiere.com/es/wp-content/uploads/2010/05/15-dsc_0121bl.jpg" alt="15-dsc_0121bl" title="15-dsc_0121bl" width="400" height="265" class="alignleft size-full wp-image-732" /></a></p>
<p>Para respirar un poco y refrescarme fui a beber un delicioso jugo de Camu-Camu, fruta a la vez refrescante, tónica y repleta de vitaminas y antioxidantes. Por supuesto mas tarde probé su versión &#8220;limeña&#8221;: el Camu-Camu Sour&#8230;mas relajante pero también mas peligroso !<br />
Sólo me quedaba alistar el material para la partida del día siguiente hacia la selva.  ¡Las cosas serias estaban por empezar!<br />
( a seguir)</p>
<p><a href="http://www.danielritiere.com/es/wp-content/uploads/2010/05/16-iqnanay2bl.jpg"><img src="http://www.danielritiere.com/es/wp-content/uploads/2010/05/16-iqnanay2bl.jpg" alt="16-iqnanay2bl" title="16-iqnanay2bl" width="400" height="266" class="alignleft size-full wp-image-733" /></a></p>
<p>Traduccion: Alex Abuid y Daniel Ritière</p>
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		<title>Andes del Norte (5) - Kuelap, el santuario</title>
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		<pubDate>Sat, 03 Apr 2010 17:38:50 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[Cartas de las Américas]]></category>

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		<description><![CDATA[En el cruce de tres valles encajonados, en pleno corazón del territorio Chachapoyas, pasamos la noche en el albergue El Chillo, un simpático remanso de paz al borde del río que baña el caserío de El Tingo.

Con los primeros destellos de la aurora ya estamos camino hacia la más famosa ciudadela Chachapoyas, Kuelap, perdida en [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>En el cruce de tres valles encajonados, en pleno corazón del territorio Chachapoyas, pasamos la noche en el albergue El Chillo, un simpático remanso de paz al borde del río que baña el caserío de El Tingo.</p>
<p><a href="http://www.danielritiere.com/es/wp-content/uploads/2010/04/1pecha_kue022-1.jpg"><img src="http://www.danielritiere.com/es/wp-content/uploads/2010/04/1pecha_kue022-1.jpg" alt="1pecha_kue022-1" title="1pecha_kue022-1" width="399" height="265" class="alignleft size-full wp-image-664" /></a></p>
<p>Con los primeros destellos de la aurora ya estamos camino hacia la más famosa ciudadela Chachapoyas, Kuelap, perdida en las brumas de las cumbres, desde el siglo X d.C.<br />
<em>Continuar</em> &#8212;> <span id="more-663"></span></p>
<p>Mientras subíamos por entrelazados valles estrechos que aún dormían, la pista se tornó más sinuosa bajo los faros del vehículo.  Todo el tiempo rozábamos un abismo sin fondo y se nos hacía un nudo en el estómago.<br />
Una hora más tarde abandonaba el vehículo para empezar a subir un pequeño sendero que llevaba hasta una curiosa montaña truncada;  ahí se adivinaba una fila de estructuras.  Seguí con los ojos un primer recinto fortificado que corría entre tupidos bosquecillos.  Cuando termine de ser desbrozado, sin ninguna duda provocará vértigo la dimensión final del sitio que se esconde aquí.</p>
<p><a href="http://www.danielritiere.com/es/wp-content/uploads/2010/04/kuelap001-1bis.jpg"><img src="http://www.danielritiere.com/es/wp-content/uploads/2010/04/kuelap001-1bis.jpg" alt="kuelap001-1bis" title="kuelap001-1bis" width="400" height="256" class="alignleft size-full wp-image-665" /></a></p>
<p>Las nubes, como majestuosas mortajas, se negaban a retirarse, escondiendo gran parte del santuario de la enigmática cultura Chachapoyas (o Sachapuya,  &#8220;Monte de neblina&#8221; en quechua).  Pero a medida que nos acercamos, el tamaño de la muralla circundante se revela verdaderamente enorme.<br />
Recorrí los últimos cien metros dejándome ganar por el creciente encanto del lugar.   Uno se siente muy pequeño frente a la colosal ciudad de Kuelap, que corona por completo un gigantesco promontorio rocoso que domina toda la región.<br />
Es ahí que el sol rasgó las nubes y con una luz más y más dorada, un delicioso calor reemplazó a la penetrante humedad de los 3000 m. de altura de la meseta.</p>
<p><a href="http://www.danielritiere.com/es/wp-content/uploads/2010/04/2pecha_kue121-2.jpg"><img src="http://www.danielritiere.com/es/wp-content/uploads/2010/04/2pecha_kue121-2.jpg" alt="2pecha_kue121-2" title="2pecha_kue121-2" width="400" height="266" class="alignleft size-full wp-image-666" /></a></p>
<p>Por fin llegué y estaba completamente subyugado por las murallas de 600 m. de longitud y que en algunas partes se elevaban hasta 19 m. ¿Pero que encerraban entonces?  Sólo tres entradas permiten el acceso.  Muy estrechas, desembocan en inclinados cuellos de botella, dominados a su vez por paredes infranqueables.</p>
<p><a href="http://www.danielritiere.com/es/wp-content/uploads/2010/04/3pecha_kue11-3.jpg"><img src="http://www.danielritiere.com/es/wp-content/uploads/2010/04/3pecha_kue11-3.jpg" alt="3pecha_kue11-3" title="3pecha_kue11-3" width="400" height="266" class="alignleft size-full wp-image-667" /></a></p>
<p>La configuración del lugar no permitía ningún tipo de movimiento a los eventuales invasores, quienes podían ser fácilmente neutralizados, uno por uno.<br />
Llegado a lo más alto del pasaje principal en forma de callejón, uno se encuentra en el corazón de una ciudad fortificada, que siendo organizada, ha podido conservar la armonía con la naturaleza circundante.</p>
<p><a href="http://www.danielritiere.com/es/wp-content/uploads/2010/04/4pecha_kue142-4.jpg"><img src="http://www.danielritiere.com/es/wp-content/uploads/2010/04/4pecha_kue142-4.jpg" alt="4pecha_kue142-4" title="4pecha_kue142-4" width="400" height="266" class="alignleft size-full wp-image-668" /></a></p>
<p>Con cuatrocientas habitaciones, palacetes en ruinas y tumbas por destapar, uno no puede más que dejarse atrapar por el embrujo emanado por Kuelap.  La disposición de las terrazas, las inmensas plataformas superpuestas y los pasajes entre los diferentes niveles dan mucho encanto al conjunto.</p>
<p><a href="http://www.danielritiere.com/es/wp-content/uploads/2010/04/5pecha_kue184-51.jpg"><img src="http://www.danielritiere.com/es/wp-content/uploads/2010/04/5pecha_kue184-51.jpg" alt="5pecha_kue184-51" title="5pecha_kue184-51" width="400" height="266" class="alignleft size-full wp-image-671" /></a></p>
<p>La Naturaleza, que a lo largo de los siglos  había recuperado sus derechos sobre estos lugares abandonados, refuerza la extrema poesía del lugar. Musgos verdes y rojos se disputan con las colonias de Bromelias, las ramas de árboles desde donde cuelgan como verdaderas cortinas de líquenes.</p>
<p><a href="http://www.danielritiere.com/es/wp-content/uploads/2010/04/6pecha_kue228-6.jpg"><img src="http://www.danielritiere.com/es/wp-content/uploads/2010/04/6pecha_kue228-6.jpg" alt="6pecha_kue228-6" title="6pecha_kue228-6" width="400" height="266" class="alignleft size-full wp-image-672" /></a></p>
<p>Las orquídeas más extrañas añaden su toque al cuadro de este exuberante jardín suspendido y los pasos del visitante deben ser lentos para captar tanta magia reunida.<br />
Se dice que para construir Kuelap se necesitaron ¡más piedras que para la pirámide de Gizeh!  Frente a la cantidad de muros que uno encuentra mientras se pasea, bien podría decirse que esta afirmación es verdadera.</p>
<p><a href="http://www.danielritiere.com/es/wp-content/uploads/2010/04/7pecha_kue149-7.jpg"><img src="http://www.danielritiere.com/es/wp-content/uploads/2010/04/7pecha_kue149-7.jpg" alt="7pecha_kue149-7" title="7pecha_kue149-7" width="400" height="266" class="alignleft size-full wp-image-673" /></a></p>
<p>Las habitaciones de forma circular estaban constituidas de piedras bien ajustadas y de techos de paja.  Una de ellas, reconstituida, tenía un aire a &#8220;villa de los Pitufos&#8221;.  Algunas de ellas resaltaban por estar decoradas con frisos abstractos de un estilo fácilmente identificable.  A pesar de que los trabajos están avanzando a buen ritmo, aún queda por despejar el 70% de la ciudadela chachapoya y ciertamente, muchas sorpresas esperan a los arqueólogos.</p>
<p><a href="http://www.danielritiere.com/es/wp-content/uploads/2010/04/8pecha_kue157-8.jpg"><img src="http://www.danielritiere.com/es/wp-content/uploads/2010/04/8pecha_kue157-8.jpg" alt="8pecha_kue157-8" title="8pecha_kue157-8" width="400" height="266" class="alignleft size-full wp-image-674" /></a></p>
<p>Al momento de mi visita una actividad febril reinaba en un singular edificio que los arqueólogos denominan &#8220;el tintero&#8221;.  Acababa de ser desenterrada una cavidad mitad tumba mitad cámara ritual.  ¿Qué ceremonia chamánica se habriá desarrollado aquí?  El trabajo de los especialistas tendría que responder a estas preguntas.<br />
Al otro extremo del sitio, un gran conjunto al que llaman &#8220;el castillo&#8221; sería de la época inca.  Los Incas, implacables conquistadores, lograron invadir esta ciudadela tan bien defendida, gracias a la falta de fuentes de agua al interior de sus murallas.</p>
<p><a href="http://www.danielritiere.com/es/wp-content/uploads/2010/04/9pecha_kue195-9.jpg"><img src="http://www.danielritiere.com/es/wp-content/uploads/2010/04/9pecha_kue195-9.jpg" alt="9pecha_kue195-9" title="9pecha_kue195-9" width="400" height="266" class="alignleft size-full wp-image-675" /></a></p>
<p>¿Que secretos habitan aún dentro de estos recintos que duermen bajo la cobertura vegetal?  ¿Podrán ellos darnos respuestas a las preguntas que flotan aquí? ¿Era Kuelap la residencia de la élite Chachapoyas?  ¿Su centro administrativo?  ¿Religioso?  ¿O tal vez un inmenso granero?</p>
<p><a href="http://www.danielritiere.com/es/wp-content/uploads/2010/04/10pecha_kue146-10.jpg"><img src="http://www.danielritiere.com/es/wp-content/uploads/2010/04/10pecha_kue146-10.jpg" alt="10pecha_kue146-10" title="10pecha_kue146-10" width="400" height="266" class="alignleft size-full wp-image-676" /></a></p>
<p>Al extremo norte de la ciudad, dominado por una impresionante atalaya, una inmensa prominencia rocosa alberga decenas de tumbas&#8230;Ciertamente ellas revelaran otros tantos secretos acerca de los chachapoyas, quienes se han convertido en  &#8220;la cultura precolombina sorpresa&#8221; del Perú.<br />
Es en este lugar, en el silencio de las cimas, la vista lleva la mirada tan lejos&#8230;que uno se deja ganar por el esplendor del paisaje y sólo se quisiera ser cóndor o gavilán.</p>
<p><a href="http://www.danielritiere.com/es/wp-content/uploads/2010/04/pecha_kue143-111.jpg"><img src="http://www.danielritiere.com/es/wp-content/uploads/2010/04/pecha_kue143-111.jpg" alt="pecha_kue143-111" title="pecha_kue143-111" width="400" height="266" class="alignleft size-full wp-image-702" /></a></p>
<p>Traduccion: Alex Abuid y Daniel Ritière</p>
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		<title>Andes del Norte 4 - Chachapoyas y las necrópolis colgantes</title>
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		<pubDate>Fri, 19 Mar 2010 02:32:41 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[Cartas de las Américas]]></category>

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		<description><![CDATA[Me desperecé de un sueño reparador con el ruido de los cascos de los caballos resonando en la calleja empedrada. El martilleo tan típico me hablaba de los hombres partiendo hacia sus chacras, pero también evocaba el nuevo día de aventura que me aguardaba.  

Los Chachapoyas nos han dejado decenas de necrópolis, de estilos [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Me desperecé de un sueño reparador con el ruido de los cascos de los caballos resonando en la calleja empedrada. El martilleo tan típico me hablaba de los hombres partiendo hacia sus chacras, pero también evocaba el nuevo día de aventura que me aguardaba.  </p>
<p><a href="http://www.danielritiere.com/es/wp-content/uploads/2010/03/1-pecha071.jpg"><img src="http://www.danielritiere.com/es/wp-content/uploads/2010/03/1-pecha071.jpg" alt="1-pecha071" title="1-pecha071" width="400" height="289" class="alignleft size-full wp-image-639" /></a></p>
<p>Los Chachapoyas nos han dejado decenas de necrópolis, de estilos y épocas diferentes. Atravesando la neblina y los siglos de olvido ellas se nos revelan poco a poco y a partir de hoy yo iba a poder descubrir toda aquella riqueza.<em>Continuar&#8211;></em>> <span id="more-638"></span></p>
<p>Por las amplias aberturas del comedor donde tomaba el desayuno, podía ver la escotadura del valle por encima de los techos de tejas invadidas de musgo.  Gladys, la adorable dueña de la pensión  “La Casona de Leimebamba”  me había preparado una apetitosa tortilla donde se mezclaban tomates, hierbas finas y queso de cabra. La frescura del pan recién sacado del horno a leña de la casa y la mermelada de naranjas del jardín me provocaban, peligrosamente, la tentación de quedarme en este bendito lugar por varios días.  </p>
<p><a href="http://www.danielritiere.com/es/wp-content/uploads/2010/03/2-peruchapan05_02.jpg"><img src="http://www.danielritiere.com/es/wp-content/uploads/2010/03/2-peruchapan05_02.jpg" alt="2-peruchapan05_02" title="2-peruchapan05_02" width="400" height="275" class="alignleft size-full wp-image-640" /></a></p>
<p>Pero las promesas de los días venideros fueron más convincentes. Los gritos estridentes de un enjambre de loros verdes acompañaron nuestra partida en el aire perfumado de la mañana. Hemos alcanzado el valle del Utcubamba y me repasaba por la mente este nombre cargado de tanto exotismo para un extranjero, y que en quechua significa “valle del algodón”. Encajonado, serpentea sin mesura, como el río que corre entre los bosquecillos.  La vegetación no se decide entre selva alta y baja montaña, tanteando entre especies vegetales que se entremezclan sin fin.  </p>
<p><a href="http://www.danielritiere.com/es/wp-content/uploads/2010/03/3-pechachap_uct.jpg"><img src="http://www.danielritiere.com/es/wp-content/uploads/2010/03/3-pechachap_uct.jpg" alt="3-pechachap_uct" title="3-pechachap_uct" width="400" height="266" class="alignleft size-full wp-image-641" /></a></p>
<p>A 1800m de altura de hecho estamos en el punto medianero que ofrece las más espectaculares combinaciones botánicas del Perú.   Las casas de dos pisos se hacían más y más frecuentes. Albergaban bajo sus pilares a familias de campesinos de faz tímida que se les iluminaba al menor saludo. A cada parada había una sonrisa, una inclinación de la cabeza, un breve intercambio de palabras; la amabilidad de la gente me recordaba hasta qué punto esta espontaneidad era muchas veces afectada por el turismo intensivo.  </p>
<p><a href="http://www.danielritiere.com/es/wp-content/uploads/2010/03/4-per_cha_yerb045_rec___copie.jpg"><img src="http://www.danielritiere.com/es/wp-content/uploads/2010/03/4-per_cha_yerb045_rec___copie.jpg" alt="4-per_cha_yerb045_rec___copie" title="4-per_cha_yerb045_rec___copie" width="396" height="280" class="alignleft size-full wp-image-642" /></a></p>
<p>Hemos llegado a Yerbabuena, abocada toda a su mercado dominical. Naturalmente me zambullí en él por un instante, escurriéndome entre los puestos desbordantes de frutas o de ojotas, esas sandalias hechas de llantas recicladas, entre el enorme ganado y sus dueños metidos en duras negociaciones o abrazándose efusivamente, todo ello teniendo como fondo música andina, las arengas de los mercachifles o las recomendaciones de los chamanes.  </p>
<p><a href="http://www.danielritiere.com/es/wp-content/uploads/2010/03/5-perchayerb012.jpg"><img src="http://www.danielritiere.com/es/wp-content/uploads/2010/03/5-perchayerb012.jpg" alt="5-perchayerb012" title="5-perchayerb012" width="400" height="266" class="alignleft size-full wp-image-643" /></a></p>
<p>Proseguimos nuestro camino, tomando el valle perpendicular, dominado por una gigantesca pared rocosa; es allá arriba que nuestra primera necrópolis chachapoyas, conocida como Revash, nos esperaba.  Hemos buscado al arriero y sus caballos. Allí tuve el más cómico contacto ecuestre de los últimos años. En efecto, me tocó un caballo marrón, de cabeza completamente blanca y con ojos… ¡azules! Mirándome junto a él, la hija del arriero, pequeñita ella, jala a su padre de la manga y le dice, señalándonos: “¡son igualitos!”  Nos hemos reído a más no poder.  </p>
<p><a href="http://www.danielritiere.com/es/wp-content/uploads/2010/03/6-pedancab1.jpg"><img src="http://www.danielritiere.com/es/wp-content/uploads/2010/03/6-pedancab1.jpg" alt="6-pedancab1" title="6-pedancab1" width="400" height="360" class="alignleft size-full wp-image-645" /></a></p>
<p>Comenzamos el ascenso con una escenografía soberbia; el caballo abriéndose paso entre la abundante y fragante vegetación.  Una hora más tarde, estaba al pie de la imponente pared rocosa y allí, suspendida en una hendidura,  una hilera de construcciones desafiaba la ley de la gravedad. Recorrí a pie el trecho más empinado que se perdía entre helechos y agaves gigantes que parecían montar guardia.  Me detuve, ante el encanto misterioso emanado por la estrecha cornisa que albergaba la necrópolis de Revash. Enormes diseños rupestres de color rojo coronaban dos grupos de construcciones que miraban al vacío y al horizonte montañoso.  </p>
<p><a href="http://www.danielritiere.com/es/wp-content/uploads/2010/03/7-per_cha_rev007.jpg"><img src="http://www.danielritiere.com/es/wp-content/uploads/2010/03/7-per_cha_rev007.jpg" alt="7-per_cha_rev007" title="7-per_cha_rev007" width="400" height="266" class="alignleft size-full wp-image-646" /></a></p>
<p>Hechas de ladrillos de barro seco y aún recubiertas de estuco rojo, blanco ù ocre, las construcciones a veces tenían tres niveles y parecían soldadas a la roca.  Detalles ornamentales capturaban la atención. Nichos rectangulares, cruciformes o en forma de T conferían estilo a los muros, pero era todo el conjunto de estructuras imbricadas el que sugería algo muy singular. ¿Sería que sus formas copiaban las antiguas habitaciones del pueblo que vivió un poco más abajo en el valle y de los cuales los siglos borraron el nombre? ¿Quiénes eran esos constructores de tumbas suspendidas entre tierra y cielo? </p>
<p><a href="http://www.danielritiere.com/es/wp-content/uploads/2010/03/8-per_cha_rev018.jpg"><img src="http://www.danielritiere.com/es/wp-content/uploads/2010/03/8-per_cha_rev018.jpg" alt="8-per_cha_rev018" title="8-per_cha_rev018" width="400" height="266" class="alignleft size-full wp-image-647" /></a></p>
<p>El respeto dedicado a sus muertos llamaba la atención y hablaba de su refinamiento.  Lejos de los vivos, en el silencio de su balcón, las momias habían sido subidas hasta allí y colocadas en esas magníficas sepulturas colectivas, sin duda familias, para descansar en paz. Dirigidas justo hacia el sur, al abrigo de la  hendidura, las tumbas escapaban a los rayos directos del sol, así como a las lluvias tan frecuentes en la región. Como los huaqueros pasaron lastimosamente por ahí, sólo subsisten unos pocos objetos funerarios intactos; pedazos de cerámica, plumas y tejidos es todo lo que quedó de los fardos funerarios antaño almacenados aquí.  </p>
<p><a href="http://www.danielritiere.com/es/wp-content/uploads/2010/03/9-per_cha_rev054.jpg"><img src="http://www.danielritiere.com/es/wp-content/uploads/2010/03/9-per_cha_rev054.jpg" alt="9-per_cha_rev054" title="9-per_cha_rev054" width="400" height="266" class="alignleft size-full wp-image-648" /></a></p>
<p>Me senté en el silencio embrujador. El lugar se prestaba a la evocación de esos pueblos enigmáticos, como los Chillaos o los Chilcos, quienes, como la región, responden al término genérico de “Chachapoyas”. Ese nombre proviene del quechua, el idioma inca, y significa “bosque nuboso”. En efecto, la región presenta, por largos meses del año, una abundante nubosidad y por extensión los Chachapoyas se llamaron el “Pueblo de las Nubes” o &#8220;Sachapuyus&#8221;. Pero ¿de qué “pueblo” se trata? o ¿quizá tendríamos que hablar de la “tradición Chachapoyas”?  Las características específicas en las construcciones, así como el contenido de las sepulturas ya han permitido identificar variaciones y constantes. Los arqueólogos, en plena obra de investigación en toda la región, no han podido determinar con certeza, todavía, si se trataba de clanes o de etnias diferentes.</p>
<p><a href="http://www.danielritiere.com/es/wp-content/uploads/2010/03/10-per_cha_rev030.jpg"><img src="http://www.danielritiere.com/es/wp-content/uploads/2010/03/10-per_cha_rev030.jpg" alt="10-per_cha_rev030" title="10-per_cha_rev030" width="400" height="266" class="alignleft size-full wp-image-649" /></a></p>
<p>Cohabitaron desde el 800 al 1470 d.C. en esta región aislada que se extiende sobre un territorio algo más grande que Bélgica. Numerosos objetos encontrados han puesto en evidencia el rol clave que jugaron los Chachapoyas en los intercambios este-oeste en el Perú antiguo. Fueron el nexo ineludible entre la selva amazónica norte y los andes centrales (Cajamarca), estando éstos a su vez conectados con la costa pacifica. Una cosa resulta cierta: los Chachapoyas no formaron una alianza lo suficientemente compacta como para resistir en un frente común a las tropas incas que los invadieron, incorporándolos por la fuerza al imperio del Tahuantinsuyo en 1470.<br />
Mañana, seguramente otros lugares extraordinarios aparecerán en mi camino; pero ahora, sentado en el trampolín hacia el paraíso de los Chachapoyas, solo me llenaba de una inmensa porción de estos paisajes armoniosos que el Perú regala al viajero.</p>
<p><a href="http://www.danielritiere.com/es/wp-content/uploads/2010/03/traversee3.jpg"><img src="http://www.danielritiere.com/es/wp-content/uploads/2010/03/traversee3.jpg" alt="traversee3" title="traversee3" width="400" height="266" class="alignleft size-full wp-image-650" /></a></p>
<p>Traducción: Alex Abuid y Daniel Ritière</p>
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		<title>Andes del Norte 3 - Cajamarca-Chachapoyas</title>
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		<pubDate>Sun, 28 Feb 2010 03:36:47 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[Cartas de las Américas]]></category>

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		<description><![CDATA[Esto es abrir las alas…salir en el frío amanecer con el capó del auto como proa y los macizos andinos como horizonte.
Es sentir esta sensación embriagadora en la boca del estómago, porque uno tiene por delante, miles de kilómetros cuadrados casi vírgenes, de montañas y quebradas, y más lejos en el Este, lo infinito de [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Esto es abrir las alas…salir en el frío amanecer con el capó del auto como proa y los macizos andinos como horizonte.<br />
Es sentir esta sensación embriagadora en la boca del estómago, porque uno tiene por delante, miles de kilómetros cuadrados casi vírgenes, de montañas y quebradas, y más lejos en el Este, lo infinito de la selva amazónica. Saboreaba con todos mi sentidos, esta Naturaleza en su inteligente desmesura. </p>
<p><a href="http://www.danielritiere.com/es/wp-content/uploads/2010/02/1-penordcha111.jpg"><img src="http://www.danielritiere.com/es/wp-content/uploads/2010/02/1-penordcha111.jpg" alt="1-penordcha111" title="1-penordcha111" width="400" height="267" class="alignleft size-full wp-image-616" /></a></p>
<p>Teníamos delante de nosotros un día completo de camino, 290 kilómetros de una de las partes mas accidentadas de los Andes del Norte peruano.<br />
Después de un primer trecho todavía asfaltado que lleva al pueblo de Celendín, el camino afirmado era el único puente de unión entre las regiones de Cajamarca y Chachapoyas, plena de misterios y promesas de aventuras.<br />
 <em>continuar&#8211;></em>><span id="more-632"></span></p>
<p>Revivía mis emociones de 1979, cuando pisé por primera vez los grandes caminos del Perú; tierra sagrada donde hombres y dioses erigieron civilizaciones tan grandiosas como ocultadas, culturas refinadas, olvidadas, invadidas, aplastadas, sepultadas bajo el polvo de siglos y milenios. Es por este polvo que la 4&#215;4 se abría paso, levantando nubes de polvo ocre y acre.</p>
<p><a href="http://www.danielritiere.com/es/wp-content/uploads/2010/02/2-dsc_0024a.jpg"><img src="http://www.danielritiere.com/es/wp-content/uploads/2010/02/2-dsc_0024a.jpg" alt="2-dsc_0024a" title="2-dsc_0024a" width="400" height="266" class="alignleft size-full wp-image-617" /></a></p>
<p>En un paisaje quemado por el sol de la estación seca, la subida hacia un vertiginoso paso a 3200m era de nunca acabar. Nada más existía que esa cinta de tierra amarilla, y la certidumbre de compartir el universo de los cóndores.<br />
 Después siguió un interminable descenso hacia el río Marañón, a través de matorrales de cactus y plantas espinosas. Pequeños árboles de flores color fucsia contrastaban como alegres salpicaduras, casi insolentes, en este entorno seco y áspero. </p>
<p><a href="http://www.danielritiere.com/es/wp-content/uploads/2010/02/3-dsc_00551.jpg"><img src="http://www.danielritiere.com/es/wp-content/uploads/2010/02/3-dsc_00551.jpg" alt="3-dsc_00551" title="3-dsc_00551" width="400" height="266" class="alignleft size-full wp-image-619" /></a></p>
<p>Finalmente hemos llegado a las aguas turquesas del río, encajonado en su quebrada, y cruzado el puente del pueblo de Balsa. Nada más estábamos a 700m de altura… ¡habíamos perdido 2500m en dos horas! La trocha seguía ahora por un pequeño valle poblado de mangos, apretados al borde del río que les brindaba la humedad necesaria para sus tan apreciados frutos.</p>
<p><a href="http://www.danielritiere.com/es/wp-content/uploads/2010/02/4-dsc_03181.jpg"><img src="http://www.danielritiere.com/es/wp-content/uploads/2010/02/4-dsc_03181.jpg" alt="4-dsc_03181" title="4-dsc_03181" width="400" height="266" class="alignleft size-full wp-image-621" /></a></p>
<p>Pequeños camiones esperaban su cargamento de fragantes mangos amarillos. Hay que saber que el aroma exquisito y provocador de un mango fresco resulta imposible de apreciar en un supermercado europeo a dónde llega verde. Quería tomar una foto de la parte trasera de uno de los camiones. Uno de los muchachos se acercó a mí, ofreciéndome de manera espontánea un saco lleno de fruta madura y rebosante de sol. Inmediatamente probé dos, disfrutando su sabor dulce y acidulado. </p>
<p><a href="http://www.danielritiere.com/es/wp-content/uploads/2010/02/6-dsc_0197.jpg"><img src="http://www.danielritiere.com/es/wp-content/uploads/2010/02/6-dsc_0197.jpg" alt="6-dsc_0197" title="6-dsc_0197" width="400" height="261" class="alignleft size-full wp-image-622" /></a></p>
<p>Tenía unas ganas enormes de quedarme ahí, a la sombra de los mangos, para conversar con esta gente sonriente a pesar del trabajo. Se veían felices, apartados de todo, pero seguramente no lo sabían.<br />
Hubo una nueva subida vertiginosa, llevándonos hasta el paso de Caya Caya, a 3800m. Quise saborear el momento y partí a pie hasta un pequeño promontorio. La neblina invadía los valles, pero las cimas y los flancos de las montañas se dibujaban hasta el infinito, con su asimetría de caos ordenado. El cielo, la tierra, las crestas aceradas y los abismos insondables…todo estaba ahí, al alcance del alma, para una comunión con el espíritu de los Andes. </p>
<p><a href="http://www.danielritiere.com/es/wp-content/uploads/2010/02/7-dsc_0486b.jpg"><img src="http://www.danielritiere.com/es/wp-content/uploads/2010/02/7-dsc_0486b.jpg" alt="7-dsc_0486b" title="7-dsc_0486b" width="400" height="266" class="alignleft size-full wp-image-623" /></a></p>
<p>Debía continuar el camino y descender del lado oriental, pasando por una puna barrida por los vientos.<br />
La entrada en la región Chachapoyas anunció el color de los días a venir: la selva de montaña invadía insidiosamente las laderas de valles estrechos y la humedad, cargada de aromas vegetales, venía a acariciar la piel reseca por el aire de las alturas. El relieve lucía como una obra de arte única; las cumbres, las curvas, las rocas, todo aquí era distinto y particular. La pendiente se hacía tal, que yo tenía la sensación de aterrizar en el profundo verde del valle donde nos esperaba el pueblito de Leymebamba. </p>
<p><a href="http://www.danielritiere.com/es/wp-content/uploads/2010/02/8-dsc_0130.jpg"><img src="http://www.danielritiere.com/es/wp-content/uploads/2010/02/8-dsc_0130.jpg" alt="8-dsc_0130" title="8-dsc_0130" width="400" height="266" class="alignleft size-full wp-image-624" /></a></p>
<p>Casi incongruente con este escenario, un museo de hermosa arquitectura, atrapa inmediatamente la mirada. Es ahí que fueron salvadas más de 200 momias y sus ofrendas funerarias, recuperadas en la « Laguna de los Cóndores », donde se descubrió un importante cementerio chachapoya. Profanado por huaqueros, debe su salvación a la pronta reacción por parte de la fundación bioantropológica Perú-Centro Mallqui en 1997. En nuestros días, es una soberbia colección arqueológica que descansa en Leymebamba, bajo la égida de la Fundación y de varios mecenas austriacos. Además, un número bastante importante de pobladores trabajan en el museo y en la asociación, en un proyecto bien organizado, como se deberían desarrollar por todo el Perú: arqueología, turismo y desarrollo local formando una estrecha simbiosis para mayor beneficio de todos. </p>
<p><a href="http://www.danielritiere.com/es/wp-content/uploads/2010/02/9-dsc_0110.jpg"><img src="http://www.danielritiere.com/es/wp-content/uploads/2010/02/9-dsc_0110.jpg" alt="9-dsc_0110" title="9-dsc_0110" width="400" height="266" class="alignleft size-full wp-image-625" /></a></p>
<p>Después de haber visitado las tres salas bien dispuestas donde están en exposición dos momias originales, se me permitió acceder a la sala climatizada donde permanecen conservadas otras decenas de momias. Me quedé mudo, intimidado por la callada atmósfera en la cuál la presencia de las momias era casi palpable. Algunas aparecían envueltas en sus fardos funerarios, y otras contenidas en una fina malla que dejaba ver sus rictus atormentados, sensación todavía agudizada por la posición de las manos agarrándose la cabeza, como presas de un gran pavor. En esos cuerpos momificados, sus vestimentas y las ofrendas que los acompañaban, había 700 años de historia. Setecientos años de la vida de un pueblo llamado Los Chilcos, que vivió en esta parte oriental del territorio Chachapoya, desde 800 hasta 1570 DC.</p>
<p><a href="http://www.danielritiere.com/es/wp-content/uploads/2010/02/10-dsc_0118.jpg"><img src="http://www.danielritiere.com/es/wp-content/uploads/2010/02/10-dsc_0118.jpg" alt="10-dsc_0118" title="10-dsc_0118" width="400" height="266" class="alignleft size-full wp-image-626" /></a></p>
<p>A partir de 1997, los arqueólogos han censado más de veinte diferentes sitios funerarios, vinculados a la Laguna de los Cóndores, probablemente el lugar más sagrado para los Chilcos. Al parecer, ellos consideraban este lugar como su « pakarina », el Lugar de los Orígenes según la tradición ancestral andina, por donde milenios atrás, cualquier pueblo o tribu hacía su aparición en la tierra.<br />
Camino a uno de los dos albergues asentados en  Leymebamba, me he cruzado con  «La Lechera » (1), el cántaro a la espalda y el huso de hilar en la mano, alegre a pesar del día de labor sobre sus hombros.</p>
<p><a href="http://www.danielritiere.com/es/wp-content/uploads/2010/02/lalaitiere.jpg"><img src="http://www.danielritiere.com/es/wp-content/uploads/2010/02/lalaitiere.jpg" alt="lalaitiere" title="lalaitiere" width="400" height="287" class="alignleft size-full wp-image-627" /></a></p>
<p>El olor particular a humo de eucalipto quemado iba pronto a perfumar el valle. Al mirar las últimas luces del día, me prometí regresar para hacer el peregrinaje hasta la laguna de los Cóndores, a 10 horas en mula, a mil años atrás en el pasado de los Chachapoyas. </p>
<p>(1) Personaje de una fabula de Jean de La Fontaine</p>
<p>Traduccion: Alex Abuid y Daniel Ritière</p>
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		<title>Andes del Norte 2 - Cumbemayo – Combayo</title>
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		<pubDate>Wed, 17 Feb 2010 04:28:36 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[Cartas de las Américas]]></category>

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		<description><![CDATA[Desde las primeras curvas que se elevan por encima de Cajamarca, la vista abarca tanto la vastedad de los resplandecientes valles como el ajetreo de la vida cotidiana en las afueras de la ciudad. Bajo los sutiles juegos de la luz del sol en la bruma matinal, la campiña andina se despierta lentamente. Diáfanos rosas [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Desde las primeras curvas que se elevan por encima de Cajamarca, la vista abarca tanto la vastedad de los resplandecientes valles como el ajetreo de la vida cotidiana en las afueras de la ciudad. Bajo los sutiles juegos de la luz del sol en la bruma matinal, la campiña andina se despierta lentamente. Diáfanos rosas y ámbares borraban las últimas huellas de la noche.  </p>
<p><a href="http://www.danielritiere.com/es/wp-content/uploads/2010/02/dsc_0168.jpg"><img src="http://www.danielritiere.com/es/wp-content/uploads/2010/02/dsc_0168.jpg" alt="dsc_0168" title="dsc_0168" width="400" height="266" class="alignleft size-full wp-image-591" /></a></p>
<p>Yo ya sabía hasta que punto esos tintes de acuarela eran efímeros. En menos de una hora, la intensidad luminosa debida a la altura volvería los contrastes nítidos y marcados, estallando en colores bajo el azul acido del cielo.<br />
<em>Continuar &#8211;></em>> <span id="more-590"></span><br />
Iba a estar andado a una altura promedio de 3000 metros. Allí los rayos solares poco a poco difunden su calor benefactor en ese aire tan pungente, pero donde, paradójicamente, la quemadura de sol siempre esta al acecho! La frescura del aire en efecto nos hace olvidar que tan solo estamos a 900Km. de la línea ecuatorial, y por lo tanto bajo un sol de temer desde las ocho y media de la mañana. </p>
<p><a href="http://www.danielritiere.com/es/wp-content/uploads/2010/02/dsc_0235copie.jpg"><img src="http://www.danielritiere.com/es/wp-content/uploads/2010/02/dsc_0235copie.jpg" alt="dsc_0235copie" title="dsc_0235copie" width="400" height="271" class="alignleft size-full wp-image-593" /></a></p>
<p>Por todas partes, en senderos y en las mismas trochas, van camino a su jornada de trabajo, hombres y mujeres, agricultores y tejedoras, albañiles y lecheros. Yo también había salido temprano este día para explorar la región.<br />
Ante todo yo tenía que encontrar un sitio pre-inca llamado Cumbemayo, perdido sobre una meseta fracturada e invadida por trechos de imponentes formaciones rocosas y “bosques de piedra”. </p>
<p><a href="http://www.danielritiere.com/es/wp-content/uploads/2010/02/dsc_01821.jpg"><img src="http://www.danielritiere.com/es/wp-content/uploads/2010/02/dsc_01821.jpg" alt="dsc_01821" title="dsc_01821" width="400" height="266" class="alignleft size-full wp-image-594" /></a></p>
<p>La tradición popular les atribuye todo tipo de nombres, como por ejemplo, “Los Frailones” por que se asemejan a hombres encapuchados, pero quizas viene sencillamente de la palabra &#8220;farallon&#8221;, roca escarpada. Desde siempre estas estructuras líticas han sido consideradas lugares sagrados debido a las grutas, inscripciones rupestres y piedras talladas ahí encontradas.<br />
Abandoné el vehículo y proseguí a pie. Me dejaba invadir por la fuerza del paisaje que emergía a cada paso, a medida que me deslizaba entre monolitos  de 20 metros de altura, evocando fantásticos castillos dignos de los cuentos de Tolkien. </p>
<p><a href="http://www.danielritiere.com/es/wp-content/uploads/2010/02/dsc_0210b.jpg"><img src="http://www.danielritiere.com/es/wp-content/uploads/2010/02/dsc_0210b.jpg" alt="dsc_0210b" title="dsc_0210b" width="400" height="266" class="alignleft size-full wp-image-595" /></a></p>
<p>Las paredes coloreadas, subrayadas de tenaces líquenes, formaban un impresionante desfiladero, perfecto para una emboscada. El momento, sin embargo, no invitaba al miedo sino más bien al placer particular del descubrimiento. En este entorno de naturaleza reinante, solo resonaban mis pasos en el polvo del sendero y el chillido terco de un águila que seguramente me espiaba desde su invisible nido. </p>
<p><a href="http://www.danielritiere.com/es/wp-content/uploads/2010/02/dsc_0211a.jpg"><img src="http://www.danielritiere.com/es/wp-content/uploads/2010/02/dsc_0211a.jpg" alt="dsc_0211a" title="dsc_0211a" width="400" height="266" class="alignleft size-full wp-image-596" /></a></p>
<p>Llegado a la parte baja, me fue fácil imaginar la emoción vivida por el campesino que estando en busca de una oveja perdida, una tarde de 1937, tropezó con un pequeño pero perfectamente trazado canal de piedra, que se perdía bajo el follaje. Sin quererlo acababa de descubrir uno de los más antiguos vestigios de América. El famoso arqueólogo Julio C. Tello convocado al lugar, sacó a la luz un magnífico complejo de canales de irrigación de 9 kilómetros de extensión, de los cuales 800 metros están perfectamente tallados en la piedra maciza. </p>
<p><a href="http://www.danielritiere.com/es/wp-content/uploads/2010/02/dsc_0247b.jpg"><img src="http://www.danielritiere.com/es/wp-content/uploads/2010/02/dsc_0247b.jpg" alt="dsc_0247b" title="dsc_0247b" width="400" height="266" class="alignleft size-full wp-image-597" /></a></p>
<p>Yo quedé, a mi vez, estupefacto ante la perfección de las estructuras, las líneas rectas y sobre todo las formas zigzagueantes que servían para frenar la velocidad del agua. Varios altares de piedra estaban dedicados al culto del agua. Cubiertos de enigmáticos jeroglíficos, muestran el paso implacable de los siglos. Diversos elementos rescatados en el lugar revelan que los acueductos, así como los petroglifos, datan de ¡hace más de 4000 años AC. ! Ello los coloca entonces en la misma época que Caral, la más antigua ciudad de América (*), anterior aún a la civilización Chavín, considerada la cultura-madre de los pueblos andinos. Un misterio más en el panorama histórico peruano. </p>
<p><a href="http://www.danielritiere.com/es/wp-content/uploads/2010/02/dsc_0228b.jpg"><img src="http://www.danielritiere.com/es/wp-content/uploads/2010/02/dsc_0228b.jpg" alt="dsc_0228b" title="dsc_0228b" width="400" height="266" class="alignleft size-full wp-image-598" /></a></p>
<p>Refrescándome un instante cerca del límpido arroyo que esparcía su murmullo, divisé una campesina con sus hijos, bajando la ladera invadida de ichu, la gramínea típica del altiplano. Se acercó, con su colorida vestimenta, la manta sobre los hombros y los diez faldones ceñidos al talle. Nos hemos saludado y después de intercambiar frases corteses se soltó a hablar de su vida, sus penas y alegrías de mujer indígena, que trabaja duro pero que  sin embargo se sentía contenta de vivir lejos de “la maloliente y tan ruidosa ciudad”.</p>
<p><a href="http://www.danielritiere.com/es/wp-content/uploads/2010/02/cumbeind.jpg"><img src="http://www.danielritiere.com/es/wp-content/uploads/2010/02/cumbeind.jpg" alt="cumbeind" title="cumbeind" width="400" height="235" class="alignleft size-full wp-image-599" /></a></p>
<p>Decía que el clima había cambiado y que la cosecha tanto como la lluvia se habían vuelto imprevisibles.  Estábamos ahí, sentados sobre la hierba tibia, envueltos en el olor a ichu, y esta mujer no hacía más que confirmar con sus frases sencillas, hasta qué punto estamos todos ligados e interdependientes sobre este planeta maltratado por la lucha de intereses entre el lucro y el desarrollo duradero de nuestra civilización.<br />
A todo nivel esto se convierte en un asunto realmente vital: Sin la venta regular de sus únicos productos agrícolas, los campesinos, como todo pequeño agricultor del planeta, están entre los más vulnerables y no tardarán en acrecentar el éxodo rural con todas las explosivas consecuencias sociales que esto entrañaría.<br />
Nos despedimos, pero guardo en mi memoria sus interrogantes en cuanto al futuro, su sonrisa tímida así como la risa divertida de sus hijos cuando descubrieron por un instante mi cabeza rapada debajo del sombrero.</p>
<p><a href="http://www.danielritiere.com/es/wp-content/uploads/2010/02/dsc_0261.jpg"><img src="http://www.danielritiere.com/es/wp-content/uploads/2010/02/dsc_0261.jpg" alt="dsc_0261" title="dsc_0261" width="400" height="266" class="alignleft size-full wp-image-600" /></a></p>
<p>Me quede un instante más llenándome de este íntimo espacio cargado de magia incrustado en un paisaje inmenso. ¡Imposible perdérselo si uno da un paseo por la región!<br />
Más tarde, de vuelta en el valle central, llegué al primer complejo mortuorio de la cultura Caxamarka, conocido como “las ventanillas de Otuzco”.  Este conjunto de nichos funerarios es visible desde la carretera y un sendero permite acceder a él: Pero he preferido proseguir mi incursión en esta campiña encantadora para alcanzar, 20Km. más allá, una necrópolis menos conocida pero más importante denominada Combayo. </p>
<p><a href="http://www.danielritiere.com/es/wp-content/uploads/2010/02/dsc_0347.jpg"><img src="http://www.danielritiere.com/es/wp-content/uploads/2010/02/dsc_0347.jpg" alt="dsc_0347" title="dsc_0347" width="400" height="266" class="alignleft size-full wp-image-601" /></a></p>
<p>Extendiéndose sobre una pared de 200m de alto, centenares de tumbas formando mosaicos singulares, miran todas hacia el Este, hacia el sol naciente, símbolo de renacimiento y de vida eterna. Fechadas en 1200 DC, casi todas fueron saqueadas. Talladas en la piedra, algunas no fueron nunca utilizadas y aparecen tan perfectas que parecen haber sido moldeadas en concreto. </p>
<p><a href="http://www.danielritiere.com/es/wp-content/uploads/2010/02/dsc_0243c.jpg"><img src="http://www.danielritiere.com/es/wp-content/uploads/2010/02/dsc_0243c.jpg" alt="dsc_0243c" title="dsc_0243c" width="400" height="266" class="alignleft size-full wp-image-602" /></a></p>
<p>A costa de media hora de esfuerzo logré subir, con respeto, al punto más alto de la pared sobre una de las terrazas naturales. A mi alrededor observaba tumbas por todas partes.<br />
La posición de los nichos funerarios en algunas paredes parece determinar el rango social del difunto. Adentro se colocaban solamente los huesos, previamente resecados, envueltos en tejidos muchas veces preciosos, acompañados de algunas ofrendas a Katekil, el dios del rayo, divinidad suprema de la cultura Caxamarka. Entonces se sellaba la tumba con pequeños ladrillos de barro y luego se la revestía de yeso.</p>
<p><a href="http://www.danielritiere.com/es/wp-content/uploads/2010/02/dsc_0349b.jpg"><img src="http://www.danielritiere.com/es/wp-content/uploads/2010/02/dsc_0349b.jpg" alt="dsc_0349b" title="dsc_0349b" width="400" height="266" class="alignleft size-full wp-image-603" /></a></p>
<p>Desde allí mis ojos abarcaban también una vista impresionante. Una paz inmensa reinaba en estos lugares y por dentro me decía que los Caxamarkas habían sabido elegir muy bien su lugar de sepultura.<br />
A lo lejos veía serpentear una pista, invitándome un poco más aún, hacia el corazón profundo de los Andes. Mañana empezaría el camino hacia el cañón del río Marañón, él mismo en camino hacia su cita con el Amazonas. </p>
<p><a href="http://www.danielritiere.com/es/wp-content/uploads/2010/02/dsc_0301b.jpg"><img src="http://www.danielritiere.com/es/wp-content/uploads/2010/02/dsc_0301b.jpg" alt="dsc_0301b" title="dsc_0301b" width="400" height="266" class="alignleft size-full wp-image-604" /></a></p>
<p>(*) En febrero 2008 fue descubierto un templo de más de 5 mil años de antigüedad al norte de Caral (cultura Sechín)</p>
<p>Traduccion: Alex Abuid y Daniel Ritière</p>
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		<title>Andes del Norte 1 - La ciudad del crepusculo</title>
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		<pubDate>Thu, 04 Feb 2010 04:30:14 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[Cartas de las Américas]]></category>

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		<description><![CDATA[Lo confieso, siempre le guardé algo de recelo a la ciudad de Cajamarca. En efecto, ¿cómo olvidar la tragedia que se desarrolló aquí ?
En 1532, una tropa de rufianes bajo el comando de algunos astutos descendientes de la baja nobleza española, iba a derribar la cabeza del imperio Inca, sellando con ello el destino de [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Lo confieso, siempre le guardé algo de recelo a la ciudad de Cajamarca. En efecto, ¿cómo olvidar la tragedia que se desarrolló aquí ?<br />
En 1532, una tropa de rufianes bajo el comando de algunos astutos descendientes de la baja nobleza española, iba a derribar la cabeza del imperio Inca, sellando con ello el destino de América, la cual se convertiría entonces en Latina.</p>
<p><a href="http://www.danielritiere.com/es/wp-content/uploads/2010/02/conquistacaja01.jpg"><img src="http://www.danielritiere.com/es/wp-content/uploads/2010/02/conquistacaja01.jpg" alt="conquistacaja01" title="conquistacaja01" width="400" height="266" class="alignleft size-full wp-image-567" /></a></p>
<p>En nuestros días sin embargo, nada hace suponer que aquí se escribió esta sombría página de la Historia. Calles pavimentadas y patios coloniales, campesinos y campesinas de enormes sombreros, mostradores cargados de cremosos quesos, frascos de manjar blanco, jamones ahumados y truchas con pimientos, Cajamarca me esperaba con sus productos locales y su ambiente de ciudad provinciana andina.<em>dale clic en el enlace azul para continuar</em>&#8211;></em>><span id="more-566"></span></p>
<p><a href="http://www.danielritiere.com/es/wp-content/uploads/2010/02/caja02.jpg"><img src="http://www.danielritiere.com/es/wp-content/uploads/2010/02/caja02.jpg" alt="caja02" title="caja02" width="400" height="266" class="alignleft size-full wp-image-568" /></a></p>
<p>Cada calle muestra un cuadro abigarrado, balcones coloniales y comercios diversos, coches sobrecargados, moto-taxis traqueteantes, apurados abogados de traje azul junto al paisano, poncho de lana y rasgos acerados bajo el sombrero de ala ancha. Por allá unos juegan naipes, por acá &#8220;jaladores&#8221; vociferan, más allá un escribano público tipea una carta sobre la acera junto a supermodernas cabinas de Internet invadidas por el olor a cuy asado y a suculentas frutas.  En medio de los bocinazos, el sonido de una quena insinúa, tercamente, sus alegres notas de tristeza.</p>
<p><a href="http://www.danielritiere.com/es/wp-content/uploads/2010/02/cajamarca4.jpg"><img src="http://www.danielritiere.com/es/wp-content/uploads/2010/02/cajamarca4.jpg" alt="cajamarca4" title="cajamarca4" width="400" height="300" class="alignleft size-full wp-image-569" /></a></p>
<p>Me dejaba absorber por este escenario tan rico, esta viva expresión del Perú profundo, extraordinario, agotador pero a la vez apasionante crisol, cultural y humano, donde se mezclan, inextricablemente, los ambientes colonial y amerindio.</p>
<p><a href="http://www.danielritiere.com/es/wp-content/uploads/2010/02/caja052.jpg"><img src="http://www.danielritiere.com/es/wp-content/uploads/2010/02/caja052.jpg" alt="caja052" title="caja052" width="400" height="300" class="alignleft size-full wp-image-584" /></a></p>
<p>El sol es generoso, no obstante densas nubes jugetean a regadera celeste, atentas sin duda, a preservar el verdor de los pastizales que rodean la ciudad. Por otra parte, en la campiña cercana reina un ambiente a veces más alpino que andino. Pródiga en ganado y por lo tanto en productos lácteos, la región ofrece excelentes quesos y derivados, a pesar de los 2700m de altura.</p>
<p><a href="http://www.danielritiere.com/es/wp-content/uploads/2010/02/cajacamp01.jpg"><img src="http://www.danielritiere.com/es/wp-content/uploads/2010/02/cajacamp01.jpg" alt="cajacamp01" title="cajacamp01" width="400" height="266" class="alignleft size-full wp-image-572" /></a></p>
<p>La ciudad alberga en su seno varios lugares ligados al rico pasado del Perú. Los célebres baños del Inca para empezar. Un importante conjunto termal donde el agua emerge de la tierra a 72 grados Celsius. Allí, en la cultura Caxamarka (500-1000 DC), ya se rendía culto al agua y se curaba con ella. Después, los Incas desarrollaron importantes instalaciones termales. La nobleza inca y el propio Inca Atahualpa frecuentemente pasaban temporadas en este apreciado lugar de retiro. Además, una versión señala a este lugar como el del encuentro entre el primer emisario español, Hernando de Soto, enviado por Francisco Pizarro, y el soberano inca, donde se fijó la fecha y el lugar de la cita para el 16 de noviembre de 1532, día funesto en el que la historia del imperio Inca y de toda América del sur, irremediablemente, daría un vuelco.</p>
<p><a href="http://www.danielritiere.com/es/wp-content/uploads/2010/02/peintyraymi032.jpg"><img src="http://www.danielritiere.com/es/wp-content/uploads/2010/02/peintyraymi032.jpg" alt="peintyraymi032" title="peintyraymi032" class="alignleft size-full wp-image-573" /></a></p>
<p>Ese día, rodeado de su corte y cargado en su anda revestida de placas de oro, Atahualpa apareció desarmado y, en teoría, sin malicia, como había acordado con los españoles. Las versiones difieren sobre lo que pasó allí ese día. En calidad de emperador virtual del Tahuantinsuyo, recientemente vencedor de su medio-hermano Huáscar, uno puede pensar que la intención de Atahualpa era la de capturar y hacer ejecutar a esta tropa de extranjeros que habían cometido tantos crímenes desde su desembarco en Tumbes algunos meses atrás. Matanzas, saqueos, violación del recinto del Acllahuasi, y de las Vírgenes del Sol, etc. Los españoles sin duda tendrían dificultad para justificar sus crímenes. Pero Atahualpa, fiel a la lógica inca de integrar todo aquello que pudiese enriquecer los conocimientos del imperio, ciertamente estaba interesado por estos « palos de fuego que mataban a distancia » y por esos extraños animales que montaban con tanta facilidad algunos de estos hombres blancos y barbudos, sin mencionar esta piel de metal, dura y brillante, que les protegía.<br />
Esta curiosidad seria su perdición.</p>
<p><a href="http://www.danielritiere.com/es/wp-content/uploads/2010/02/inca01.jpg"><img src="http://www.danielritiere.com/es/wp-content/uploads/2010/02/inca01.jpg" alt="inca01" title="inca01" width="395" height="263" class="alignleft size-full wp-image-574" /></a></p>
<p>El Inca preguntó al padre Vicente Valverde dónde se encontraba esa &#8220;palabra de Dios&#8221; de la cual los españoles se decían portadores; se refería a la propaganda ampliamente difundida desde su desembarco. El padre Valverde le mostró una Biblia a Atahualpa quién la acercó a su oído y, al no escuchar nada la arrojó.  Ese fue el signo: los conquistadores abrieron fuego abatiendo a los portadores del anda.  En instantes se hicieron de la persona del Inca, creando, a golpe de cañones y mosquetes, un tremendo pánico entre las filas incas que nunca antes habían escuchado disparos.  El divino Hijo del Sol, el Inca, a quien nadie osaba mirar a los ojos y quien nunca dio la orden de atacar, acababa de caer por tierra.  Literalmente el cielo se derrumbaba sobre las cabezas de sus súbditos.</p>
<p><a href="http://www.danielritiere.com/es/wp-content/uploads/2010/02/inca2.jpg"><img src="http://www.danielritiere.com/es/wp-content/uploads/2010/02/inca2.jpg" alt="inca2" title="inca2" class="alignleft size-full wp-image-575" /></a></p>
<p>La casi totalidad de la escolta fue masacrada, así como más de 7000 soldados desprovistos de órdenes y sin poder maniobrar en el espacio reducido de la plaza, la cual estaba cerrada por dos estrechas salidas.<br />
El inicio del fin había comenzado.  Un pueblo fiero, heredero de culturas milenarias, iba a ser humillado y destruido, y con él, un modelo de organización social y ecológica que reunía bajo la misma bandera pueblos muy diferentes con más de 700 lenguas, teniendo al quechua como idioma vinculante.  Todo ello iba ser aniquilado.</p>
<p><a href="http://www.danielritiere.com/es/wp-content/uploads/2010/02/cajabainsinca01.jpg"><img src="http://www.danielritiere.com/es/wp-content/uploads/2010/02/cajabainsinca01.jpg" alt="cajabainsinca01" title="cajabainsinca01" width="400" height="266" class="alignleft size-full wp-image-576" /></a></p>
<p>Teniendo pocos puntos en común con los caros y lujosos establecimientos occidentales, los baños del inca acogen a todo visitante en busca de baños medicinales que se toman en familia o en pareja dentro de salas privadas dotadas de una pequeña piscina con agua a 39ºC. El agua, según los análisis realizados, es rica en sodio, potasio, litio, calcio y estroncio; contiene así mismo hierro, magnesio y sílice.  Una vez llegado a los estanques de enfriamiento, deambulé entre las volutas de vapor ligeramente sulfuroso cuando mi mirada fue atraída por el fondo de una de estas piscinas.  Estaba tapizada por colonias de algas de formas extravagantes y casi extraterrestres ¡que vivían a 70ºC!  Algunas de estas algas son convertidas en pomadas y ungüentos medicinales, recetas heredadas de la farmacopea inca, antes de los estragos provocados por la &#8220;extirpación de las idolatrías&#8221; de la Santa Inquisición.</p>
<p><a href="http://www.danielritiere.com/es/wp-content/uploads/2010/02/cajabainsalgues.jpg"><img src="http://www.danielritiere.com/es/wp-content/uploads/2010/02/cajabainsalgues.jpg" alt="cajabainsalgues" title="cajabainsalgues" width="400" height="266" class="alignleft size-full wp-image-577" /></a></p>
<p>El otro lugar histórico de la ciudad es el Cuarto del Rescate, donde Pizarro encerró al soberano Inca y donde este último, entendiendo la avidez de los conquistadores  propuso, a cambio de su libertad, llenar de oro y plata tres cuartos similares hasta la altura de su brazo extendido hacia arriba.  De todas partes se trajo hasta aquí cientos de kilos de oro y plata reuniendo así el más fabuloso rescate jamás pagado.  ¡Veinticuatro metros cúbicos de oro y 48 metros cúbicos de plata!  Sin embargo, su cumplimiento no impidió la ejecución, pura y simple, del soberano después de una parodia de juicio. La única medida de clemencia, a cambio de aceptar ser bautizado, fue la de pasar por el garrote antes de ser quemado.</p>
<p><a href="http://www.danielritiere.com/es/wp-content/uploads/2010/02/conquistacaja02.jpg"><img src="http://www.danielritiere.com/es/wp-content/uploads/2010/02/conquistacaja02.jpg" alt="conquistacaja02" title="conquistacaja02" width="400" height="266" class="alignleft size-full wp-image-578" /></a></p>
<p>Un día nos pusimos a echar cálculos con mi gran amigo Guy Vanackeren, especialista de historia Inca:  ¡¿que tal si el Perú reclamara , a Europa en general y a España en particular, el reembolso de únicamente los intereses de lo que aquí se tomó &#8220;prestado&#8221;,  por decir un eufemismo?!  Con cinco siglos de plazo, inclusive a una tasa ventajosa, se tendría con que pagar muy largamente las deudas externas actuales del Perú, Bolivia y Ecuador, los tres con innumerables dificultades económicas, y que en ese entonces conformaban el eje del Tahuantinsuyo.</p>
<p>De vez en cuando los países ricos tendrían que revisar su pasado y reconsiderar algunas verdades&#8230;para construir un mejor presente.</p>
<p>Traducción: Alex Abuid y Daniel Ritière</p>
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		<title>Avatar version planeta Tierra</title>
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		<pubDate>Sat, 23 Jan 2010 23:10:44 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[Hoja de Ruta]]></category>

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		<description><![CDATA[El Perú, famoso en el mundo por su colosal cordillera de los Andes, cuenta con casi dos tercios de su territorio en la Amazonía, es decir 782,880 Km2 (¡una vez y media el área de Francia!).  ¡Se rompe un poco con el cliché sobre el Perú puesto que el país resulta ser más amazónico [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>El Perú, famoso en el mundo por su colosal cordillera de los Andes, cuenta con casi dos tercios de su territorio en la Amazonía, es decir 782,880 Km2 (¡una vez y media el área de Francia!).  ¡Se rompe un poco con el cliché sobre el Perú puesto que el país resulta ser más amazónico que andino!<br />
¡Ya no es más en ceja de selva sino en baja Amazonía que esta vez fui a llenarme el alma, los ojos&#8230;y las memorias de mi Nikon!<br />
¡Tanto que ver y tanto por mostrar!  El rumor de vida palpitante contrasta con las mansas aguas que corren inexorablemente. ¡Grandeza del Amazonas, el río gigante!</p>
<p><a href="http://www.danielritiere.com/es/wp-content/uploads/2010/01/amaz01.jpg"><img src="http://www.danielritiere.com/es/wp-content/uploads/2010/01/amaz01.jpg" alt="amaz01" title="amaz01" width="400" height="266" class="alignleft size-full wp-image-559" /></a></p>
<p>Sin embargo, mientras el film Avatar bate records de taquilla, el mismo escenario se repite, ante la casi general indiferencia, en nuestro planeta y especialmente en diversos lugares de esta Amazonía tan codiciada por ser, ay, rica en petróleo&#8230;.<br />
A seguir en el próximo artículo (por publicarse):  &#8220;La Amazonía, el río-aorta&#8221;.<br />
¡Hasta  pronto!</p>
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